El responsable de pastoral del Equipo de Titularidad, el P. Miguel Ángel Velasco, ha culminado la presentación
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7. ¡BENDITO SEA DIOS!
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7. ¡BENDITO SEA DIOS!
Esta expresión “Bendito sea Dios”, puede servirnos muy bien para soportar en silencio cualquier tipo de reprimenda, como le sirvió a Claret un día del mes de junio de 1863 en el Palacio Arzobispal de Toledo.
Aquel día había acudido al Palacio para entrevistarse con el cardenal D. Cirilo Alameda con motivo del conflicto en torno a las ordenaciones de los candidatos del Seminario del Escorial. El cardenal era famoso por su talante fuerte y autoritario. Había sido General de la Orden de los Franciscanos Menores, y arzobispo de Santiago de Cuba antes de Claret. Quizá ya desde entonces procedía la inquina hacia Claret por airear la situación en que D. Cirilo había dejado la diócesis huyendo de la justicia por su fama de carlista y simpatizante de la masonería.
Como veníamos diciendo el P. Claret había acudido, de mala gana, a Toledo para hablarle de su intención de fundar un seminario en El Escorial. Este seminario estaba bajo la jurisdicción del cardenal, pero se pretendía por parte de Claret, del Nuncio y de la Reina que delegase sus funciones en Claret, lo cual no era del agrado del cardenal, el cual le había amenazado con no ordenar a sus seminaristas.
Aquella entrevista fue borrascosa. Oigamos la versión de D. Dionisio González que le acompañaba y que declaró en el proceso de beatificación de Claret:
“Presencié en 1862 (fue en 1863) una entrevista que tuvo (el P. Claret) con un Prelado de altísima dignidad en la iglesia en la cual éste, con buena intención sin duda, pero con la mayor sinrazón, aspereza y destemplanza le reprendió e injurió desaforadamente sin que el Sr. Claret se inmutase por ello, ni hiciera otra cosa más que cruzar las manos, inclinar la cabeza y decir de vez en cuando ‘Bendito sea Dios’”.
D. Dionisio quiso salir en defensa de Claret y acercándose a D. Cirilo le gritó al oído (lo tenía algo duro): “Eminentísimo Señor, ¡que sobre el Arzobispo de Toledo está Dios!”
A veces hay que saber bajar la cabeza y decir “Bendito sea Dios”. O bien tener un ángel de la Guarda que sepa cantar las cuarenta.




