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5. MISIÓN BLANCA

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Enlace para ver el vídeo: https://youtube.com/shorts/6P_0g6kCOJI?feature=share

5. MISIÓN BLANCA

El año 1946 aparecía una película en las pantallas españolas titulada Misión Blanca. Se trataba de un sacerdote joven que llegaba a la misión española de Guinea. Allí venía acogido por un anciano misionero que le contaría la historia de un banquero sin escrúpulos que abandonó España después de haber cometido un gran fraude, y que llegaba a Guinea con la intención de aprovecharse de las riquezas del país. Incrustada en esta historia aparecía un hecho singular: de cómo un misionero defendió la soberanía de la isla ante las reivindicaciones de un barco de guerra alemán. Lo más curioso es que se trataba de un misionero claretiano llamado Joaquín Juanola.

Vamos a ver cómo viene narrada esta pequeña historia en la película:

P. Juanola: Esta bandera destrozada y vieja. En ella se condensan los recuerdos de mi juventud. Yo le agradezco que haya expuesto su vida en su en su defensa. Por ella y en otro tiempo también la expuse yo. Hace ya muchos años, en la isla de Annobón.

Otro Padre joven: No hable más Padre, no se fatigue.

P. Juanola: Déjeme, déjeme que le cuente. Déjeme.

Una tarde, estando sentados a la puerta de nuestra capilla, oímos el estruendo de un cañonazo. Sobresaltó al poblado y nos llenó de asombro y temor. Un negro se acercó a nosotros anunciando la llegada de un barco extranjero que cañoneaba la isla. Rápidamente me di cuenta de la situación. Los del barco suponían que aquella tierra no era de nadie. Había que evitarlo. Ganar la isla para España. 

Vacilé un momento. Tomé una decisión. Necesitaba una enseña de la patria. Las cortinas de color amarillo servirían para ello, pero necesitaba un pedazo de tela roja para completar la bandera. Me fijé en el manto de la Virgen y no dudé. Me pareció que ella me lo ofrecía. Cogí el manto. No había que dudar. Improvisé la bandera como pude. Rasgué la tela con los dientes. La prendí con alfileres. Y clavada al palo de una paralela, corrí desesperadamente mientras el cañonero seguía disparando. Un trozo de metralla me dio en la cabeza y estuve a punto de caer, pero haciendo un supremo esfuerzo, arrastrándome, hundiendo las uñas en la tierra logré llegar a la cumbre y clavé la bandera. 

Cuando el comandante vio que aquella tierra era de España, cesó el fuego y el barco siguió su rumbo mar adentro.

Y ahora aquellos trozos que se juntaron para formar la enseña de la patria, volverán a ofrendarse a la Virgen como el símbolo del esfuerzo de unos hombres que supieron llevar siempre en su corazón el nombre de España.

El P. Joaquín Juanola murió en 1912 en la tierra que tanto amó y donde se venera su tumba. No me digáis que no se merecía una medalla póstuma.

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