El P. Adolfo Lamata ha dirigido una carta a la para acompañar el proceso hacia el XXVII Capítulo General
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19. EN EL SEMINARIO DIOCESANO DE MADRID
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19. EN EL SEMINARIO DIOCESANO DE MADRID
El 21 de octubre de 1906 el recién nombrado Obispo de Madrid-Alcalá, D. José Salvador y Barrera, inauguraba el nuevo seminario de la diócesis de Madrid en presencia del Sr. Nuncio de Su Santidad. Con aquel acto se inauguraba también el nuevo curso precedido por los Ejercicios Espirituales que dirigió el P. Rosendo Ramonet. Iba a ser el primer servicio de los Misioneros Claretianos en aquella nueva sede de una institución diocesana que hoy continúa en el mismo lugar de entonces. Pero la presencia de los claretianos en el seminario había comenzado mucho antes. Es difícil llegar a hacerse una idea del trabajo concreto que realizaron al principio debido a la falta de información, ya que los archivos del seminario y de la casa de Buen Suceso desaparecieron durante los luctuosos sucesos de la Guerra Civil.
En 1908, era nombrado director espiritual el P. Juan Postíus. En aquel momento el seminario contaba con unos 300 alumnos. Su presencia acrecentó el prestigio de los Misioneros Claretianos. Afortunadamente poseemos varios documentos de los cardenales D. Benjamín Arriba y Castro y D. José Bueno Monreal, del arzobispo D. Casimiro Morcillo y del rector del seminario en aquella época D. Juan Zaragüeta. El P. Postíus dejó el cargo en 1922 al ser elegido consultor general, aunque siguió prestando otros servicios pastorales en el seminario siempre que podía. Sustituyó al P. Postíus el P. Antonio Jimeno hasta 1936. Otros Misioneros Claretianos colaboraron con el P. Postíus fueron, entre otros, los PP. Antonio y Francisco Naval. Éste último, hombre de amplia cultura, escribió dos libros que fueron asumidos como textos en el curriculum del seminario: “Manual de Arqueología” y “Manual de Ascética y Mística”. Sabemos, también, que uno de los libros que se leían en el comedor era El Colegial Instruido, del P. Claret.
Los estudiantes del seminario conciliar de Madrid pertenecían también a la Archicofradía del Corazón de María, que dirigían los Misioneros Claretianos. En 1908 el P. Postíus la reorganizó allí. La revista Iris de Paz se hacía eco en los años 1921 y 1922 de las solemnes celebraciones que se organizaban en el seminario, con la colaboración de los PP. Juan Echevarría, como predicador, y Luis Iruarrízaga, como director de la schola cantorum.
Es posible que todo esto haya desaparecido de la memoria del colectivo diocesano, pero para nosotros sigue siendo un gran orgullo haber colaborado a la formación de los primeros sacerdotes de la diócesis de Madrid.




