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Zamora despide con gratitud a la comunidad claretiana tras 125 años de presencia

Zamora ha despedido este fin de semana a la comunidad de Misioneros Claretianos, poniendo término a 125 años de presencia religiosa continuada en la ciudad. Los actos reunieron a la comunidad educativa del Colegio Corazón de María, representantes institucionales y sociales, miembros de la Iglesia diocesana, antiguos alumnos y numerosos zamoranos vinculados a la obra claretiana.
El P. Adolfo Lamata, nuestro superior mayor, acompañó a la comunidad religiosa en esta despedida y participó en los encuentros con los que Zamora expresó su reconocimiento a más de un siglo de misión educativa, pastoral y evangelizadora. Junto a él estuvieron los últimos tres claretianos residentes en la ciudad y rostros de una presencia que ha acompañado a varias generaciones.
La despedida responde al proceso de reorganización de las comunidades religiosas de la congregación. Se cierra así una etapa de presencia comunitaria estable, pero la misión claretiana en Zamora continúa a través de nuestro Colegio Corazón de María. El centro no cierra, antes bien seguirá desarrollando su actividad con normalidad, bajo la responsabilidad de su equipo docente y con el acompañamiento de la congregación, preservando tanto su identidad claretiana como su proyecto educativo.
El colegio despide a los últimos claretianos
El primero de los actos tuvo lugar el viernes 23 de octubre en el Colegio Corazón de María. Fue una celebración de carácter colegial, institucional y social en la que participaron alumnos, profesores, familias, representantes de otros centros educativos y de la sociedad zamorana.
La música y los testimonios sirvieron para expresar públicamente el afecto y la gratitud hacia la comunidad. La comunidad religiosa recibió una despedida especialmente emotiva por parte de quienes han compartido con ellos la vida cotidiana del colegio durante los últimos años. De tal modo, las intervenciones pusieron de relieve el compromiso de los claretianos con Zamora y la huella dejada por su labor. Los religiosos fueron reconocidos por haber promovido una educación integral, asentada en la formación académica conjugada sobre valores humanos y cristianos. Los mensajes pronunciados durante el acto coincidieron en señalar que los misioneros dejan una “huella imborrable” en la ciudad y permanecerán en la memoria de su comunidad educativa.

Acción de gracias en la Catedral
La despedida tuvo su momento eclesial el sábado 24 de octubre, fiesta de san Antonio María Claret, con una eucaristía de acción de gracias en la Catedral. La celebración fue presidida por el obispo de Zamora, Mons. Fernando Valera, y permitió que la Iglesia diocesana, antiguos alumnos y numerosos ciudadanos se sumaran al reconocimiento a los Misioneros Claretianos.
En su homilía, el obispo expresó la gratitud por el camino recorrido con la tristeza por la marcha de la comunidad. Recordó que han sido 125 años de presencia y de entrega generosa “en las aulas, en los confesionarios, en los púlpitos y en la vida cotidiana” de Zamora. A partir de la figura de san Antonio María Claret, Mons. Valera destacó una vocación misionera fundamentada en la escucha de la Palabra, la oración y la atención a las personas más desfavorecidas. Una espiritualidad que, como subrayó, los claretianos han encarnado en la ciudad mediante la enseñanza, el acompañamiento espiritual y la cercanía.
El prelado agradeció especialmente su aportación a la transmisión de la fe, a la promoción de un laicado activo y comprometido y a la difusión de la devoción al Inmaculado Corazón de María: “Gracias por haber sido germen de fe para tantas generaciones”, afirmó.
También reconoció que la salida de la comunidad deja un vacío en el presbiterio y en la vida diocesana, pero insistió en la responsabilidad de conservar y hacer fructificar la herencia recibida. En este sentido, animó a continuar siendo hombres y mujeres de la Palabra, testigos del amor a los pobres y constructores de paz y comunión. Al profesorado del colegio le expresó la cercanía de la diócesis para afrontar esta nueva etapa y mantener viva la vocación evangelizadora del centro.
Una historia que continúa
La presencia de los Misioneros Claretianos en Zamora comenzó en los primeros años del siglo XX. En 1941 abrió sus puertas el Colegio Corazón de María, que en 1980 se trasladó a su actual emplazamiento en la carretera de Almaraz. Desde entonces, la congregación ha unido la educación de niños y jóvenes con el servicio pastoral, la predicación, la celebración de los sacramentos y el acompañamiento de la vida diocesana.
La despedida de la comunidad religiosa cierra una forma concreta de presencia, pero no interrumpe la obra educativa ni borra el vínculo claretiano con Zamora. El Colegio Corazón de María inicia ahora una nueva etapa sostenido por su equipo de educadores y acompañado por la congregación, con el compromiso de mantener vivo el carisma de Claret.
La relevancia de esta despedida ha quedado reflejada también en la atención prestada por varios medios de comunicación locales y regionales, que durante el fin de semana informaron de los actos y recogieron el reconocimiento de Zamora a los claretianos. Sus crónicas coinciden en destacar la profundidad de la huella educativa, pastoral y humana dejada por los misioneros del santo de Sallent.
