Tras la publicación de la hoja de destinos firmada por el superior mayor, las veinticuatro comunidades de la Provincia han iniciado su proceso de constitución
Se encuentra usted aquí
25. FIJAOS EN EL DESENLACE DE SU VIDA
Ver el vídeo: https://youtube.com/shorts/1oQWNoo-4pE?feature=share
25. FIJAOS EN EL DESENLACE DE SU VIDA
“Mi estimado Padre: He visto con compasión la preocupación de V. en la Virgen del Fosco. Edad, experiencia e instrucción tiene para ser un poco más valeroso y sobreponerse a las impresiones propias de mujeres. Con oración y resolución firme lo vencerá todo. Aprovéchese de las reflexiones que otras veces ha hecho a otros”.
Esta reprimenda iba dirigida en abril de 1897 nada menos que al P. Antonio Naval, futuro Vicario general de la Congregación, confesor de Nuncios y obispos, de ministros del Gobierno y consejero de santos. Y venía de parte del P. José Xifré, general de la Congregación.
Pero primero hay que decir que el P. Naval era aún muy joven e inexperto. En segundo lugar, la situación en la que se encontraba era del todo excepcional. Le acababan de destinar de su cómodo trabajo en Roma a un lugar inhóspito y poco adapto para sus cualidades: San Felice y El Fosco en Spoleto (Italia). Iba solo y con 2 Hermanos, sin saber apenas italiano, en un lugar solitario y con escasas cualidades para la predicación. De pronto se encontró sumergido en un momento de gran desolación y decaimiento.
Escribía cartas un tanto desesperado al P. Batlló en Roma pidiéndole que intercediera para suprimir la fundación, pero Xifré reaccionó ampliando a 12 el número de individuos a destinar, entre otros al P. Nicolás García, futuro Superior General. Pero aquella jugada no resultó y, después de un año, se tuvo que abandonar la fundación. Con harto sentimiento del P. Xifré y con gran alivio por parte del P. Naval.
Ya octogenario, le tocó sufrir al P. Naval los horrores de la guerra civil (gran parte de sus hermanos de comunidad fueron fusilados); tras breve estancia, inhumana para su edad, en la Comisaría de la Inclusa y en la Dirección General de Seguridad, vivió los años de la tragedia refugiado en diversas casas de amigos madrileños, hasta su fallecimiento en enero de 1939. En cuantos le conocieron dejó fama de santidad.
Una historia de la que se pueden sacar importantes consecuencias. Como dice la carta a los Hebreos refiriéndose a los dirigentes: “Fijaos en el desenlace de su vida (no en los inicios) e imitad su fe”.




