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26. IMPRESIONES DE ESPAÑA
26. IMPRESIONES DE ESPAÑA
Mary Elizabeth Ashe, a los veinticuatro años contrajo matrimonio con Sidney Herbert, segundo hijo del Conde de Pembroke convirtiéndose en Lady Herbert. En 1861, enviudaba. Lejos de encerrarse en su hogar, la baronesa viajó por muchos países, entre ellos España, Egipto o Palestina, experiencias que plasmó en distintos libros.
Conservamos una página de su libro Impresiones de España, rescatado por los estudiantes claretianos residentes en el Castillo de Highcliffe, Inglaterra. Traducimos:
“El regreso a Madrid tuvo que ser necesariamente por la noche; y agotados y cansados como ellos estaban para el día siguiente nuestro grupo no tuvo el coraje para emprender una nueva jornada. Solo una visita se llevó a cabo, la cual permanecerá siempre en la memoria de la dama que tuvo el privilegio. Fue a Monseñor Claret el confesor de la reina y arzobispo de Cuba, un hombre tan notable por su santidad personal y su ascética vida como por las injustas acusaciones de las que continuamente fue objeto.
La habitación de Monseñor Claret en Madrid es un claro reflejo de él mismo. Simple hasta la austeridad en sus pertenencias. Sin muebles a excepción de sus libros y algunas fotografías de la Reina y sus hijos. La habitación contiene un solo objeto principal y es un crucifijo de madera de la esmerada escultura española, el cual atrajo toda la atención de su visitante. ‘Sí, es muy bonito’, él replicó en respuesta a las palabras de admiración, ‘y a mí me gusta porque expresa de un modo tan maravilloso la victoria sobre el sufrimiento. Los crucifijos generalmente representan solo el dolor y lo humano y no la triunfante y divina visión de la redención. Aquí se ve, verdaderamente, la victoria sobre la muerte y el infierno’. Al contrario de la idea que generalmente tenemos él nunca medra en política y se ocupa enteramente de sus devociones y trabajos literarios. Uno de sus libros Camino recto para llegar al cielo competiría con la Imitación de Tomás Kempis en las prácticas devocionales. Mantiene una firmeza perpetua; y cuando se ve obligado por su posición a comer en palacio, aún mantiene su pobre plato de garbanzos o algo similar. Tiene un gran don para predicar, y cuando acompaña a la reina en alguno de sus viajes, es generalmente solicitado en cada ciudad donde ellos llegan por encarecidas peticiones de predicar, lo cual de él hace inmediatamente sin descanso o aparente preparación, incluso algunas veces predicando cuatro o cinco sermones en un día. En verdad siempre está “preparado” por su oculta vida de permanente oración y de esa toma de conciencia del Invisible”.
Una visión de Claret desapasionada, que no difiere de nuestra pasión de hijos.





