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Tres corazones para amar: el claustro del Colegio Claret de Madrid celebra la fiesta de su fundador

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Como cada año, en la semana en que se celebra la fiesta litúrgica del Padre Claret, nuestro colegio de Madrid reunió ayer, lunes 19 de octubre, a su claustro en un encuentro festivo. La jornada giró en torno a una breve formación sobre el carisma claretiano, guiada por el P. Gonzalo Fernández Sanz y dirigida a los profesores y al personal jubilado.

El encuentro estuvo organizado por el área de pastoral del centro educativo, a cuyo frente se encuentra el P. Jorge Ruiz Aragoneses. Él mismo se encargó de presentar al encargado de animar la formación, el P. Gonzalo Fernández Sanz, misionero claretiano, destacando su amplio conocimiento de la Congregación, en la que ha sido vicario general y prefecto general de espiritualidad, y recordando que su vocación nació en un colegio claretiano, el Claret Aranda. Por su parte, la directora coordinadora del centro, Mª del Camino Rodríguez de Sadia Lombardero, dio la bienvenida a los asistentes y los invitó a celebrar juntos la fiesta del fundador.

Una frase nacida en un año difícil

Bajo el título ‘Los tres amores de Claret’, el P. Gonzalo comenzó situando a los asistentes en 1864, uno de los años más duros en la vida del santo de Sallent. Vivía entonces en Madrid, en el antiguo hospital de Montserrat, donde hoy se levanta el teatro Monumental, y sufría calumnias y amenazas constantes desde la prensa. Al terminar los ejercicios espirituales de diciembre de ese año, Claret escribió en sus Propósitos una frase que tomó de la Guía de pecadores de fray Luis de Granada: "Tendré para con Dios, corazón de hijo; para conmigo mismo, corazón de juez; y para con el prójimo, corazón de madre".

El conferenciante explicó que estas tres actitudes expresan tres formas de amar. La primera se refiere a nuestra relación con Dios, ante quien no somos siervos, sino hijos. Sentirse hijo de Dios permite “caminar por la vida con la cabeza alta” y vivir con gratitud la condición filial, sin necesidad de ser los primeros en nada.

La segunda tiene que ver con la actitud hacia uno mismo. Tener corazón de juez no significa castigarse, porque “un juez no es un verdugo” Juzgar es examinar, discernir y no permitir que uno mismo se engañe. Es poseer un corazón sabio, prudente en las decisiones, resistente en las adversidades e “insobornable ante la adulación y el chantaje”.

La tercera se refiere al prójimo, hacia quien debemos tener un corazón de madre, un amor incondicional, delicado y protector. Todas las madres lo llevan dentro, pero solo María de Nazaret, con su Corazón Inmaculado, puede reflejarlo sin distorsiones. Es el corazón que necesitamos para “lubricar las relaciones humanas deterioradas”. El P. Gonzalo terminó su intervención con una petición a la Virgen por quienes viven rupturas afectivas, distancias o rencores: “Que Ella nos conceda un corazón como el suyo para amar sin medida”.

Al acabar esta primera parte en el salón de actos, los más de ciento veinte participantes -entre profesores, claretianos y personal jubilado- compartieron un vino español en un ambiente de fraternidad. Así se cerró una jornada que cada año fortalece los lazos del claustro en torno a la figura y el carisma de su fundador.

 

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