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Fundación PROCLADE celebra su Encuentro Anual de Delegaciones

Del viernes 2 al domingo 4 de octubre fueron las fechas elegidas por Fundación PROCLADE para celebrar su Encuentro Anual de las Delegaciones de la oenegé. Así, delegados, coordinadores y voluntarios de toda la Fundación hicieron una pausa en su día a día para compartir, aprender y celebrar juntos bajo el lema Unidos por un mundo mejor.
El P. Juan José Raya, coordinador de Solidaridad y Misión y presidente de Fundación PROCLADE, hace un balance “que no puede ser más esperanzador”. A su juicio, con las prisas y las exigencias del trabajo diario “corremos el riesgo de centrarnos solo en la tarea”. Por eso, dedicar este tiempo a “mirarnos a los ojos, escucharnos y abrazarnos nos devuelve a la esencia de lo que somos, una verdadera familia solidaria y misionera”.

Un fin de semana para reencontrarse
El encuentro, celebrado en la Casa de los Hermanos de San Juan de Dios en Los Molinos (Madrid), empezó el viernes por la tarde con la acogida, la sesión de bienvenida y la actividad del Mapa de impacto de Fundación PROCLADE. Después, la cena compartida dio paso a un fin de semana intenso.
Según el P. Juanjo, los participantes no se llevan a casa solo “carpetas con apuntes”, sino “el corazón encendido y un compromiso renovado”. También se llevan “la certeza de que no estamos solos en nuestras delegaciones, de que formamos parte de algo más grande” y la convicción de que, uniendo manos y tiempo, “somos capaces de transformar realidades y llevar esperanza allí donde más duele la vulnerabilidad”.
Compartir nos enriquece
Casi todo el sábado se dedicó al trabajo de las propias delegaciones. Por la mañana se celebró el Intercambio 360, un espacio para poner en común las buenas prácticas. Por la tarde, la sesión Mapa de impacto y suma de miradas. El presidente de la Fundación las define como “sencillamente inspiradoras”. Lo que más le impresionó fue “la enorme diversidad de iniciativas que nacen de la entrega y la creatividad de cada delegación”. Entre ellas citó las campañas de sensibilización muy arraigadas en los barrios, la acogida de personas en situación de exclusión y aplicaciones que ayudan a integrarse a quienes llegan a un país desconocido.
Para el P. Raya, ese mapa muestra que “Fundación PROCLADE no es una oficina central en Madrid; es el rostro, las manos y el corazón de cada persona voluntaria repartida por nuestras delegaciones”. También refleja que “la suma de pequeñas miradas e impulsos logra un impacto inmenso en la vida de miles de personas”.
Redes que transforman
La jornada del sábado tuvo dos intervenciones destacadas. En la primera, el claretiano Jean Jubou ofreció su mirada sobre el mundo; una mirada que, en palabras del presidente, “nos situó ante la realidad doliente del mundo con ojos de fe y misión”. Por la tarde, Javier Ojeda, delegado episcopal de Cáritas Madrid, habló de las redes que transforman y construyen y recordó a los asistentes que “nadie se salva ni transforma el mundo en solitario”.
“Para PROCLADE, trabajar en red y caminando juntos con la Iglesia no es una opción metodológica o estratégica. Es una exigencia evangélica de fraternidad y comunidad”, afirma el P. Raya. Ante desafíos como la pobreza, las migraciones o las desigualdades, sumar esfuerzos con Cáritas y con otras entidades eclesiales y sociales “nos fortalece, nos evita duplicar recursos y nos hace más eficaces”. ¿Y el reto? Para él consiste en “cultivar la humildad para aprender unos de otros, superar cualquier conato de protagonismo y mantener siempre en el centro a la persona vulnerable”.
La Eucaristía del mediodía, presidida por el misionero Luis Arribas, Prefecto de Apostolado, y la foto de grupo marcaron una jornada de trabajo y convivencia.
Dos estrellas y un deseo
El presidente de la Fundación cerró el sábado con el bloque Mirando al futuro. Lo organizó en torno a la dinámica de “dos estrellas y un deseo”, que según él ayudó a mirar el camino “con sencillez, gratitud y esperanza”.
Las dos estrellas sirvieron para reconocer “todo lo que ya brilla en nuestras delegaciones”, desde el compromiso silencioso de los voluntarios hasta los proyectos que devuelven la dignidad. El deseo no se planteó “como una exigencia o una carencia, sino como un sueño compartido”, el de cuidar aún más a los equipos, tejer redes cada vez más fuertes y seguir siendo “ese abrazo cercano para los más vulnerables”.
“De las delegaciones no esperamos exigencias, sino que deseamos seguir caminando en corresponsabilidad”, explica. La Fundación quiere que sigan siendo “hogares acogedores” en sus realidades locales y lugares de encuentro entre generaciones. También desea que continúen innovando en formas de voluntariado y que sean “faros de sensibilización que despierten conciencias y contagien alegría solidaria”.

Envío y gratitud
El domingo, tras la oración, los departamentos de la sede de nuestra oenegé presentaron su trabajo. El encuentro terminó con la Eucaristía de Envío, presidida por el Superior Provincial, P. Adolfo Lamata, en la que se bendijo a los voluntarios antes de volver a sus delegaciones.
El P. Juan José Raya resume en una palabra su mensaje para todos ellos: “GRACIAS”. “Su entrega gratuita e incansable es el mayor regalo que tiene esta Fundación”, subraya, y les recuerda que, al remar junto a los misioneros claretianos, “no estamos ejecutando simples proyectos de desarrollo; estamos construyendo el Reino de Dios”. Cada gesto de acogida y cada hora de voluntariado “es una semilla de dignidad y justicia social que da fruto transformador. Seguiremos caminando juntos”, concluía.
