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Gracias por tanto bien recibido en San Vicente de la Barquera y Valladolid

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Nuestra historia comenzó en Vic en el año 1849. En aquel contexto, Antonio María Claret, viendo que no podía hacer solo todo lo que deseaba, puso en marcha una comunidad de misioneros que tuvieran desde el primer momento un horizonte de evangelización. Aquel horizonte inicial fue ensanchándose con el paso de los años, tanto en los lugares como en los medios de apostolado. Pero al mismo tiempo, cada una de nuestras presencias siempre ha tratado de ser realista y ver con humildad que somos un grupo reducido de enviados en la Iglesia junto a otros muchos cristianos que colaboran en el anuncio de la Buena Noticia. En cada una de nuestras obras, de nuestros apostolados, nunca se abandonaron los procesos de discernimiento, pues estamos seguros de que para una comprensión más profunda de la realidad y para el descubrimiento de los caminos de conversión que es necesario recorrer, hay preguntas que no deben abandonarnos: ¿Qué es lo prioritario? ¿Dónde está lo más importante? ¿Cómo resultaremos más eficaces?

Los misioneros que hoy sirven a esta provincia desde los órganos de gobierno intentan responder a estas cuestiones, repensándolas desde nuestros propios modelos, ya sean estos de tipo administrativo, estructural o de responsabilidad de cara al futuro. Bien es sabido que atravesamos la dificultad de llevar adelante nuestras obras por falta de recursos, sobre todo humanos. Por otra parte, ante los procesos de transformación que se están dando en la actual coyuntura histórica, nuestra provincia se encuentra frente al problema de tener que ofrecer respuestas adecuadas y responsables en las nuevas emergencias sociales de la realidad que vivimos. Para afianzar puentes con el mundo contemporáneo y convertirnos en signo y levadura de la sociedad, nuestras presencias necesitan repensar constantemente sus propios modelos organizativos. Las noticias del cierre de la comunidad de Valladolid y de San Vicente de la Barquera responden a esta reflexión. Dejamos atrás 81 años de historia en Valladolid y 96 en la localidad de Cantabria, y pese al desgarro de la ruptura confiamos en que este proceder redunde en un mejor servicio evangélico y misionero. Desde que la decisión fuera comunicada al obispo de cada una de las respectivas diócesis, tuvimos unos pocos meses para estructurar la nueva situación. Mañana, 31 de agosto, será la fecha de cierre en estos dos municipios y por ello celebraremos una cuidada eucaristía.

San Vicente de la Barquera

La comunidad de San Vicente de la Barquera fue fundada en 1926 y aunque la llegada de la Congregación estuvo en un primer momento motivada por las necesidades de educación de los niños más desfavorecidos, fue a partir de finales del siglo XX cuando los claretianos nos centramos en la atención a la actual Unidad Pastoral, aglutinada en torno a la Parroquia de Nuestra Señora de los Ángeles. Comprendía diez parroquias, alguna de ellas con más de un centro de culto: Abaño, Abanillas, Acebosa, Gandarilla, Luey, Muñorrodero, Pechón, Pesués, Portillo, Serdio y el mismo San Vicente, donde el templo principal es monumento nacional, el Santuario de Nuestra Señora de la Barquera, y aglutina gran parte de la devoción popular.

Durante todos estos años no faltó la atención pastoral a distintas congregaciones, especialmente a las de consagradas. Tampoco a los procesos catequéticos de laicos, que remaron codo a codo con nosotros ofreciendo ayuda a los más vulnerables, ya sea desde Cáritas o desde la delegación de Proclade. Así también, fue muy habitual el trabajo del día a día en la vida de los fieles, con la carga de implicación que ello suponía; varios misioneros son especialmente recordados por ello por la población. La parroquia se nos encomendó en 1941 y desde entonces el tiempo que pudimos ofrecer en la vida arciprestal y diocesana ha sido mucho y bien valorado. Tampoco olvidará nadie cómo al poco de desatarse la Guerra Civil Española, varios religiosos de la comunidad fueron martirizados.

Los tres presbíteros de la comunidad PP. Benjamín Elcano González, Miguel Ángel Joglar Amores, y Antonio Sanz Arribas se han venido distribuyendo fraternalmente el trabajo para atender las celebraciones que se ofrecen en San Vicente, más numerosas y frecuentadas en verano, y la atención a las diez parroquias. Siempre contaron con ayuda, pues el aprecio a nuestra labor nunca nos faltó allí. La Unidad cuenta con un plan pastoral elaborado con los fieles, que el pastor de la diócesis, Mons. Manuel Sánchez Monge, ha adecuado y arrancará renovado este mes de septiembre. El prelado, siempre tan cercano a nuestra congregación, quiso presidir una solemne eucaristía de despedida que tuvo lugar el pasado 13 de agosto a las 19.00 horas. A ella acudieron un buen número de feligreses y algunos claretianos venidos de diversos puntos, entre ellos, algunos miembros del gobierno provincial. La celebración estuvo concelebrada por el superior mayor, el P. Adolfo Lamata, y también por el P. Miguel Joglar, y congregó a diversos miembros de la corporación municipal entre los que se pudo ver al alcalde de la localidad, D. Dionisio Lugera. Al finalizar la misa comenzó un acto de homenaje en el que se procedió a colocar una placa conmemorativa en el lugar donde residieron los misioneros y se interpretaron dos piezas al órgano, así como otras tonadas de corte más popular recreadas por la Coral Barquera.

Valladolid

Por su parte, como ya se informó hace prácticamente ocho meses, la comunidad de Valladolid, compuesta por los P. Ángel Cabezón, Francisco de Asís Vicente Vicente y Eugenio J. Oterino Blanco, se despiden del calor y la acogida que durante estos años la feligresía ha derrochado con los misioneros. El acto oficial de despidida con el obispo auxiliar de la diócesis castellana, Mons. Luis Argüello tuvo lugar el pasado 18 de junio.

Desde 1941 han sido muchos los acontecimientos de fe y vida misionera en Valladolid, tal y como reflejan las crónicas de los documentos de la Congregación. En ellas se da cuenta de cómo la provincia destinó hace 81 años a un pequeño grupo de claretianos a esta villa, sin iglesia propia, a vivir en la Rectoral de San Pedro. La propuesta que se aceptó tenía como misión principal la predicación itinerante por los pueblos, las misiones populares, los ejercicios espirituales, etc. No fue hasta 1944 cuando se habilitó una capilla junto a la nueva vivienda en la actual calle del Padre Claret. Años más tarde, en esa misma calle se inauguraba la nueva Iglesia que era erigida en parroquia en 1966 bajo el título de “Corazón de María”. Desde entonces han sido muchas las semillas esparcidas en esta tierra, aquellas que sin duda seguirán dando mucho fruto, pues son muchos los nombres de religiosos claretianos que quedarán en la mente de varias generaciones de vecinos.

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