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Miguel Tombilla, ante los disturbios en París: “Necesitamos dejar la polarización a un lado”

El misionero Miguel Tombilla, director de la Misión Católica de Lengua Española en París, ha analizado en dos recientes intervenciones en COPE y TRECE la situación de tensión que atraviesan París y otras ciudades francesas. Su mensaje combina la preocupación por el miedo que se ha instalado entre la población con una llamada a abordar las causas del malestar sin justificar la violencia ni señalar injustamente a las personas migrantes.
Las protestas comenzaron en el ámbito estudiantil, con reivindicaciones relacionadas con las condiciones educativas, y posteriormente incorporaron otras demandas, como la respuesta al aumento del coste de la vida y al deterioro de los servicios públicos. Las movilizaciones desembocaron durante el fin de semana del 17 de octubre en graves disturbios, saqueos y enfrentamientos en distintas ciudades. Las autoridades impusieron toques de queda parciales en zonas de París, entre ellas los alrededores de la plaza de la República y Les Halles, así como en otras localidades francesas. Más de 2.500 personas fueron detenidas.
Miedo e incertidumbre entre la población
Aunque la comunidad claretiana está situada en el distrito XVI de París, una zona que no ha padecido directamente los episodios más graves, el P. Miguel conoce sus consecuencias a través de los fieles que llegan a la parroquia desde distintos puntos de la ciudad.
“Las personas que acuden a la parroquia, que es bilingüe y acoge a la comunidad de lengua española, viven lejos y sí que hay miedo, es lo más tremendo de todo” explicó en Mediodía COPE. Según señaló, la incertidumbre sobre lo que puede suceder, el toque de queda y el clima de crispación están condicionando la vida cotidiana.
El misionero distingue entre unas reivindicaciones sociales que pueden ser legítimas y la actuación violenta de grupos organizados. A su juicio, los disturbios no pueden explicarse únicamente por las protestas estudiantiles, sino que revelan una violencia latente que aflora en momentos de especial convulsión social.
No criminalizar a los migrantes
Uno de los ejes principales de sus intervenciones ha sido la advertencia frente a los discursos que atribuyen la violencia de manera generalizada a la población migrante. Tombilla lamenta que la extrema derecha trate de aprovechar los disturbios para criminalizar a todo un colectivo y recuerda que entre los responsables de los altercados también hay numerosos ciudadanos franceses.
El claretiano reconoce que Francia tiene todavía una asignatura pendiente en materia de integración, pero rechaza utilizar esa realidad para responsabilizar indiscriminadamente a quienes proceden de otros países. Ante la polarización, considera necesario recuperar una mirada centrada en la dignidad de cada persona, con independencia de su origen o de su situación administrativa.
Esta preocupación apareció también en su intervención en Ecclesia es domingo, donde advirtió de que tanto la ultraderecha como la ultraizquierda están instrumentalizando el caos para reforzar posiciones extremas. “Francia, como otros muchos países, necesitamos dejar la polarización a un lado y empezar a cultivar una vez más la democracia y, sobre todo, la defensa de todos los derechos humanos”, afirmó.
Rebajar la tensión, tarea de la Iglesia
Frente al miedo y la confrontación, el P. Miguel destaca la aportación pacificadora de la Iglesia. La comunidad claretiana continúa rezando en todas sus eucaristías por la paz y por una solución no violenta a los problemas que atraviesa el país.
Para el director de la Misión Católica de Lengua Española, la Iglesia está llamada a tender puentes, promover el diálogo, sanar las heridas y acompañar a las personas más vulnerables. También puede contribuir mediante el voluntariado y los gestos concretos de servicio, especialmente entre los jóvenes, ofreciendo alternativas a la crispación y la violencia.
La tesis que vertebra sus dos intervenciones es clara. Resulta necesario escuchar y atender las causas legítimas del descontento, pero sin tolerar la violencia, alimentar la polarización ni buscar culpables colectivos. La salida pasa por recuperar el diálogo democrático, defender los derechos humanos y generar palabras y gestos de concordia y justicia.
