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Pastoral de la infancia en tiempos de covid

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La inmensa mayoría de los niños posee una sensibilidad religiosa propia, una intuición peculiar para las cosas de Dios. En la infancia se intuye, se reconoce y se percibe cuándo se habla de verdad de Dios y cuándo no. Los misioneros de esta Provincia encargados de cumplir el mandato de Jesús –“Dejad que los niños se acerquen a mi. No se lo impidáis” (Mc 10, 14) –, son conscientes de que la pastoral de la infancia no puede nunca ceñirse a la preparación inmediata de un sacramento. La sabiduría especial que tienen los niños para aprehender la presencia de Dios hace entender a nuestros pastoralistas que acompañar a la infancia es iniciarles en el cristianismo como en una de sus etapas. Quizá la decisiva para el futuro de su fe. Y así lo intentan desde Murmansk a Puertollano, desde París a Ferrol, desde Zaragoza, Zamora, Alagón o Valladolid hasta Elda.
 
Por ello no se ha cedido ni un poco en el empeño de que Dios sea cada vez más amado y conocido, y pese a las restricciones en el número de los aforos permitidos para reducir los contagios del virus, ninguna posición ha renunciado en la medida que se ha podido a las catequesis presenciales. “Nos hubiera costado seguir de otro modo, y por eso hemos querido emplearnos a fondo en el cuidado de esta pastoral, pues es de las más bonitas”, expresa el P. Fernando Sotillo desde la parroquia Corazón de María de Oviedo. “Porque ves cómo este trabajo va quedando, y los que hoy llaman a nuestra puerta para el sacramento de la comunión continúan en muchos casos años después de haberse confirmado”, añade el misionero, subrayando así la idea de un modelo pastoral de procesos. Una pastoral “de luces largas”, que tiene como objetivo último integrar fe y vida desde el primer momento que un niño recibe el anuncio hasta que llegue a ser adulto en la fe. 
 
En este mismo sentido también abundan los pastoralistas de la infancia en nuestros colegios. “Buscamos una pastoral que tenga en cuenta los diversos procesos que acontecen tanto en el mundo como en los niños y jóvenes”, afirma el P. Rafael Lozano en el Colegio Claret de Madrid. “Por eso desde que un niño entre a los tres años al colegio Claret ya está recibiendo un acompañamiento que cala hondo. Y no solo por la clase de religión; también por las visitas al oratorio, por las llamadas a celebrar los tiempos que marca la Iglesia o simplemente por la costumbre de abrir la Palabra de Dios”. El misionero sirve como encargado de pastoral para niños de tercero y cuarto de Educación Primaria en el centro escolar, íntimamente ligado a la parroquia San Antonio María Claret, pues ambos comparten una misma realidad en el barrio y entre los alumnos. “Lo cual -afirma- tiene múltiples ventajas. La más notoria es que a los alumnos siempre se les va a ofrecer un acompañamiento pastoral en todas sus etapas escolares, es decir, hasta que salgan del colegio para entrar en la Universidad”. “Pero también, en estos momentos de pandemia que vivimos tenemos la seguridad de ofrecer entornos seguros, pues los servicios de rastreo del virus son muy efectivos y están funcionando muy bien”. Con todo, “hay iniciativas que ya no podemos ofrecer”. Y así el P. Lozano se refiere a los momentos celebrativos pensados para estrechar la relación con las familias, donde antes se organizaban encuentros que siempre estuvieron muy bien valorados. “Ahora solo podemos invitar a la familia entera a participar de la misa de 11:30 los domingos”. Aunque lo cierto es que acuden bastantes.
 
 
Implicar a las familias fue uno de los desafíos que el claretiano Julián Ojeda, en la parroquia del Corazón de María de Logroño (La Rioja), acabó convirtiendo en una oportunidad. “Se me ocurrió que los niños que acuden a nuestras catequesis podían ser misioneros en sus casas, con sus padres y hermanos, ahora que además no podemos reunirnos en las parroquias como lo hacíamos antes de la llegada del virus”. Así, el religioso invitó a que cada niño en su casa realizara con ayuda de sus padres y familiares una pequeña figura de la Semana Santa, “utilizando materiales que tengan a mano”. “Solo había una condición, y es que yo no les podía dar información de nada. Habrían de ser ellos quienes la buscaran por su cuenta”, explica Ojeda. ¿Quién fue Juan, y por qué fue el discípulo amado? ¿Cómo es que eligieron soltar a Barrabás? ¿Por qué el Ángel se apareció a las tres mujeres? “Y así, entre preguntas y búsquedas en Internet, fue deslizándose una primera catequesis que los padres dieron a sus hijos. Y una vez que tuvimos toda aquella imaginería la expusimos a la entrada de la Iglesia, y entonces ahí yo completé con una segunda catequesis muy participada de todo el conjunto que ellos mismos habían creado”, finaliza el claretiano. Una iniciativa “vistosa y muy artística” que resulto ser un éxito por haber sabido integrar la acción catequética en el proyecto evangelizador de la comunidad, cuidando, en particular, el vínculo entre catequistas y familia.
 
 
 
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