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2. EN EL TRIÁNGULO DE LAS BERMUDAS
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2. EN EL TRIÁNGULO DE LAS BERMUDAS
Se trata del título de una serie por entregas que el P. Claret publicó en los periódicos La Esperanza y La Razón Católica en 1857. Ni que decir tiene que la idea era bien original. ¿Pero por qué ese título?
Seguramente has oído hablar del Triángulo de las Bermudas, un lugar casi mítico entre Miami, San Juan de Puerto Rico y las Islas Bermudas, donde desaparecían barcos sin dejar rastro debido a las tormentas.A la fecha, unas 50 naves y 20 aviones se han perdido en esa área particular del océano Atlántico.
Pues bien, Claret tuvo que pasar por allí a mediados de abril de 1857 en el vapor de guerra Pizarro camino de Cádiz a su vuelta de La Habana. Uno de los que viajaban con Claret era D. Antonio María Segovia, poeta y periodista, que publicó un artículo sobre este viaje en el que contaba:
“No siendo sus carboneras de suficiente capacidad para el combustible que exige un viaje directo, se había dado por instrucción al comandante que tocara en Las Bermudas y en Las Azores, donde la previsión de nuestro gobierno ha mandado formar depósitos de carbón para tales casos, y en efecto allá puso la proa, no sin experimentar desde los primeros momentos de la navegación contratiempos y peligros que no es del caso ahora referir. Salvóse de ellos en primer lugar por la protección visible de la Providencia, a quien tal vez hicieron propicia las oraciones del virtuoso prelado que el Pizarro conducía a su bordo, y después por las acertadas disposiciones del comandante y buenas disposiciones de su distinguida oficialidad. Vencidas ya estas dificultades extraordinarias, siguieron las que son comunes a todo buque que navega el tumultuoso golfo de las Yeguas, y ha de recalar a Las Bermudas”.
Claret lo contaba así en carta a D. Juan Nepomuceno Lobo:
“Por una parte el viaje fue muy feliz pero el Señor nos quiso probar por otra, pues q. por poco nos vamos todos a pique a causa de un grifo mal cerrado por donde entraba el agua en el buque y en el cuarto día se advirtió y se remedió; el buque varó, tuvieron que echar parte del carbón en el mar y después tuvimos que tocar a las Bermudas y finalmente en el Fayal a proveer”.
Es curioso que, al final, por poco se fueron a pique no por la maldición del famoso Triángulo, sino por un grifo mal cerrado.





