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32. LOS FALSIFICADORES DE DIOS
32. LOS FALSIFICADORES DE DIOS
En agosto del 2020 el periódico español El País publicaba un especial titulado Los falsificadores de Dios en el que contaba cómo cuatro claretianos españoles ayudaron a salvar entre 1940 y 1944 en París a un centenar y medio de judíos, la mayoría sefardíes, de la persecución nazi. Un bautismo falso proporcionaba la oportunidad de escapar del horror y huir de Francia. Una historia de solidaridad que ha permanecido en el más absoluto secreto. Hasta ahora.
La pequeña comunidad española de misioneros claretianos en París selló sus labios durante 80 años y guardó un secreto que ayudó a salvar la vida de 155 personas durante la ocupación nazi de Francia entre 1940 y 1944. Pusieron en peligro sus vidas tras acoger a esas personas y facilitar que, con esos nuevos documentos, pudiesen huir del país o garantizarles cierta protección ante las frecuentes deportaciones a campos de concentración y exterminio. Todos los de aquella época ya murieron. ¿Cómo consiguió entonces despertar esta historia del olvido?
Todo comenzó en una cafetería. Un historiador que investigaba para su tesis doctoral sobre la diplomacia española durante el Holocausto conectó con uno que había oído hablar a sus padres de la falsificación de unas partidas de bautismo en una iglesia española en París para ayudarlos a huir a España. Los certificados de bautismo registrados entre 1940 y 1944 allí estaban, anotados con tinta azul y negra, decenas de nombres de personas con apellidos judíos, de edad adulta y nacidos en el extranjero, la mayoría en Salónica (Grecia) y Estambul (Turquía). No hay evidencias de si los sacerdotes les bautizaron efectivamente o si simplemente los llevaban al despacho a firmar los documentos. Lo que sí aparece marcado en sus fichas son las fechas, a partir del 3 de octubre de 1940, día en que entró en vigor el Estatuto de los Judíos, las leyes antisemitas firmadas por el mariscal Philippe Pétain que desembocaron en la creación de un censo de judíos y, posteriormente, en las conocidas deportaciones a campos de concentración y exterminio. Se estima que más de 75.000 personas murieron. “Estas falsificaciones servían para convertirse aparentemente en católicos y tener la posibilidad de engañar a los perseguidores”.
La gran mayoría eran sefardíes y la edad media era de 33 años: el más joven solo tenía unos pocos meses de vida, y el mayor, 75 años. A casi todos se les castellanizó el nombre con el objetivo de que, cuando presentasen toda la documentación a las autoridades francesas para huir a España, no se los vinculase con su posible registro en el censo judío.
Tras analizar una y otra vez las partidas, las cartas y el resto de informes, no hay duda de que los claretianos españoles se expusieron ante las autoridades nazis. Como demuestra su certera caligrafía, no les tembló el pulso al firmar aquel centenar y medio de conversiones falsas para intentar salvar la vida a 155 judíos.




