En las circunstancias que vivimos se multiplican las invitaciones a preocuparnos más unos de otros, especialmente de quienes se enfrentan a más dificultades
«Fraternidad divina que es humana; fraternidad humana que es divina. Esta es la entraña parabólica de los hombres y mujeres que, en medio de innumerables desafíos, al borde del camino o en la posada, en el rincón más inhóspito de una barriada cualquiera o en el coro más bello de cualquier monasterio, se convierten en aceite y vino para las heridas del mundo, vendaje y hogar de la salud de Dios».
Con la música solemne del órgano de nuestra basílica del Corazón de María en Madrid comenzó la Eucaristía de Acción de gracias por la vida y misión de nuestro hermano claretiano Luis Alberto Gonzalo Díez.