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15. EL COMIENZO DE UNA GRAN AMISTAD
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15. EL COMIENZO DE UNA GRAN AMISTAD
Lo cuenta Sor Dolores Aurrich, del Corazón de María, siendo ya anciana, en su convento de Sevilla. Ocurrió en Santiago de Cuba el año 1851.
Estaba anclada en el puerto la fragata “Ligera”, a cuyo mando estaba el capitán de fragata D. José Ignacio Rodríguez de Arias. En una fiesta de salón oyó comentar sobre los sermones del P. Claret y quiso escucharle personalmente. Enterado que el domingo predicaba, bajó a tierra con la oficialidad fuera de servicio para que también ellos le escucharan.
Empezó el sermón, y tanto el comandante como la oficialidad le escuchaban sin perder palabra. Cuando más entusiasmados estaban miró al reloj y dijo el comandante: “Bien sabe Dios con cuánta pena me voy, pero no tengo otro remedio, por tener que oír misa la tripulación, que me espera; pero ustedes se quedan y después me contarán el final de todo”. Al marcharse, el Sr. Arzobispo le vio salir, interrumpió el sermón, y dijo: “ya la fe se está acabando, tanto en la Marina como en el Ejército, que no quieren oír la palabra de Dios, y lo confirma el marino que acaba de salir”.
Cuando llegaron a la fragata los oficiales le comentaron la alusión hecha por el P. Claret. El comandante tomó la pluma y le explicó al Sr. Arzobispo las razones que le habían llevado a salir de la catedral. Apenas la leyó el Santo envió tarjeta diciendo que aquella misma tarde a las cuatro pasaría a la fragata. Y así fue.
Le esperaba toda la tripulación. Apenas llegó a cubierta le hicieron los honores de ordenanza, pero él, sin reparar en nada, se postró de rodillas ante el comandante. Éste le dijo: “Pero Señor, ¿qué hace?”. A lo que contestó Claret: “Hago mi deber; he faltado; tengo que reparar”. El comandante llorando le levantó, le besó el anillo y le abrazó. Al despedirse le dijo Claret al comandante: “El domingo le espero en la catedral”. Y allí estuvo. El comentario posterior del comandante fue: “Sufrí más por la pública satisfacción que me dio en el púlpito, que el domingo anterior”.
Y aquello sí que fue el comienzo de una gran amistad.




