10 y 24 de mayo. Acto Académico de Clausura del curso 2025-2026 de los Colegios Mayores Alcalá y Jaime del Amo
Se encuentra usted aquí
11. A JOSÉ SÁNCHEZ
Enlace para ver el vídeo: https://www.youtube.com/shorts/AU-lbijqWw8
11. A JOSÉ SÁNCHEZ
“Querido José: seguramente te sorprenderá recibir esta carta, estés donde estés. Ya estabas convencido de que todos se habían olvidado de ti. Es normal, hace ya casi 70 años que nos dejaste, devorado por la fiebre, en una lejana ciudad de China un 22 de junio de 1936. No habías cumplido todavía los 27 años y poco más de un año en China. Pero a un hermano nunca se le olvida, sobre todo si ha dado la vida por los necesitados.
La noticia de tu destino te llegó por sorpresa. Estabas de vacaciones. Aquella carta la leíste sin inmutarte. Era tu destino a la joven misión de China. Pronto se corrió la noticia. En seguida te adelantaste a consolar a tu madre: “Adiós, madre querida, no llores por mí, que voy a salvar almas; no cesaré de trabajar hasta traerlas todas a los pies de la Virgen”.
Casi sin darte cuenta ya estabas en China. Era el 17 de enero de 1935. Primero Shanghai, luego Wuhu y, por fin, Tunxi. La bella ciudad china a la que pronto pondrías generosos adjetivos en aquel artículo que escribiste para Anales. Pero no corrían buenos tiempos. Poco antes había sido arrasada la ciudad por los insurgentes comunistas, a los que llamabais entonces “bandidos”. Los misioneros habían tenido que dispersarse por precaución. Hanchow, Shanghai… Pero la calma había vuelto en los días precisos en los que llegaste tú.
Pronto comenzó el duro aprendizaje de la lengua, pero ya estabas habituado a luchar contra signos irreconocibles y conceptos abstractos. De hecho, no había pasado un año cuando el P. Fogued te encargaba de los niños que estudiaban para catequistas.
Pero todo ocurrió muy rápido, como todo en tu vida. Era por marzo de 1936 cuando comenzó a resentirse tu salud. Al principio unas insidiosas fiebres por insolación que se resistían a cualquier medicamento. Luego, tu humilde lecho del que ya no te levantaste más.
El 22 de junio de 1936 se apagaba tu vida para este mundo. Tenías 27 años. Dejaron en reposo tu cuerpo a la sombra del “Tingse de la Paz”, la capilla del Corazón de María, en la cumbre del monte de Tunxi. Tú la habías descrito poco antes para Anales con cariño de hijo y la habías rodeado de un halo paradisíaco: “especies raras de robustos y altísimos robles, acacias de varias clases, castaños silvestres, árboles de la cera vegetal, alcanforeros, otras especies desconocidas y numerosas matas de té; y saltando entre las ramas infinidad de aves que por su plumaje esbelto recuerdan el ave del Paraíso y otras especies ecuatoriales”. Ahí, en ese paraíso reposan todavía hoy tus restos, lejos de tu patria, aunque esparcidos por la mano de los enemigos de la religión.
Hoy no podrás decir que nadie se acordó de ti. Gracias a ti mañana nuestros misioneros podrán de nuevo pisar esa bendita tierra, donde tú reposas. Descansa en paz”.






