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Elda: una Iglesia de la gente y por la gente

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El pasado 5 de marzo, el Ayuntamiento de Elda (Alicante) dedicó una calle en la ciudad a Aurita González González, militante obrera cristiana ligada a la parroquia San Francisco de Sales. “Su presencia se nota en el recuerdo agradecido de toda la parroquia”, dijeron entonces distintas voces de vecinos en el barrio. Su testimonio de vida, un modelo de coherencia con los valores de la lucha por la justicia, ha llevado en cierto sentido el marchamo de su comunidad parroquial. Y como vasos comunicantes, otros militantes cristianos y voluntarios de Cáritas de la diócesis se dejaban bañar por su ejemplo de compromiso y radicalidad en las causas que defiende el Evangelio. En estos últimos días, el obispo de la diócesis, Mons. Jesús Murgui, estando de visita en la parroquia afirmó que los planes formativos de los movimientos obreros son una escuela que se debe de continuar fortaleciendo, y puso ejemplos de personas concretas que en estos últimos años se han dejado acompañar a través de ellos. El nombre de Aurita figuraba en aquella lista. Otros laicos de su parroquia, también.

Entre la placa con el nombre de Aurita en el barrio de Elda y la visita del pastor de la diócesis han pasado poco menos de tres meses. En el transcurso de estos, la fórmula para el bajo riesgo de contagio en el sur de la Comunidad Valenciana ha tenido que contar con unas duras medidas de restricciones y un exhaustivo rastreo de casos de covid-19. El miedo cundía después de unas Navidades funestas, en las que la mitad de las muertes de toda la pandemia en la comarca se concentraron en los meses de enero a abril. Cabía preguntarse cuánto tiempo podrían aguantar las empresas con estas severas medidas, con las tensiones que se generaban en determinados sectores y con esta extendida cultura del riesgo por la tercera ola de la pandemia, cuando la enfermedad se iba haciendo cada vez más real. La comunidad de misioneros al frente de la parroquia de San Francisco de Sales no se podía quedar de brazos cruzados. “Hemos estado trabajando por la mañana, por la tarde y por la noche”, afirma Julio César Rioja, el párroco. “Con todas las medidas de prudencia, hemos apoyado a la gente todo lo que hemos podido”, continúa. Con tal determinación, de entre todos los proyectos puestos en marcha en favor de aquellos que peor lo estaban pasando, solo tuvieron que cerrar uno, el de ‘tu compra en casa’. “Y fue una verdadera lástima”. El resto funcionaba a pleno rendimiento. “Muchos de ellos eran proyectos de Cáritas, en los que lógicamente, estaba la Iglesia detrás”, concede Rioja.

Proyecto a proyecto

“La tienda de ropa reciclada y comercio justo ha contado desde su inauguración con una gran acogida por buena parte de la ciudad”. Se refiere Rioja al primer establecimiento en Elda, -a tiro de piedra de la parroquia-, donde adquirir ropa y complementos de segunda mano, además de productos de comercio justo. Un proyecto que parte de Cáritas y que pretende ampliar su labor convirtiéndose en lugar de formación para mujeres en riesgo de exclusión social, así como para jóvenes que se encuentran fuera del mercado laboral. Rioja, que actualmente ocupa el cargo de delegado de Cáritas para la vicaría IV de la diócesis, se muestra orgulloso de este trabajo, y afirma que en estos últimos días “hemos abierto la posibilidad de otro contrato de trabajo para seguir con este establecimiento adelante”. En este sentido también se pronunció el alcalde de Elda, D. Rubén Alfaro, que en la inauguración de la tienda pronunció unas palabras que remaban a favor de un trabajo cooperativo, una red de cuidados más que necesaria para estos difíciles momentos, “pues a veces con las instituciones solo, no llegamos al ciudadano”, admitió. Y desde esta manera de comprender la ciudad, el propio Alfaro abrió un modelo de colaboración entre las parroquias y las instituciones públicas. “Se trata de unas tarjetas de crédito de una entidad bancaria que repartimos desde las parroquias a las familias que sabemos que pasan necesidad”. Es el segundo proyecto. “Y que tiene de hecho muchas lecturas positivas, -abunda el religioso-, pero una de ellas es que damos salida por otros cauces a los alimentos que nos llegan directamente a la parroquia, y los derivamos, por ejemplo, al proyecto ‘Emaús’.

‘Emaús’ -tercer proyecto- es un centro que lleva ocho años en marcha atendiendo a veinte niños de entre cinco y doce años de entornos vulnerables, proporcionándoles no solamente merienda y almuerzo, sino sobre todo apoyo pedagógico y acompañamiento familiar. Un proyecto que cerró sus puertas tras el Estado de Alarma de marzo del año pasado, pero que ha vuelto a abrir sus puertas en el mes de abril, por la tercera ola de pandemia. Paco Martí, laico comprometido con la parroquia al frente de este espacio, destacaba en una entrevista reciente que “quieren recuperar el tiempo en el que tuvieron que suspender la ayuda”, recordando a la vez que ‘Emaús’ no es una academia de clases particulares, sino “un lugar de crecimiento”. Por cierto, necesitan más voluntarios.

La parroquia, en definitiva, se mueve mucho al ritmo de los tiempos, “en esta clave social”, aunque no solo en ella. “También damos formación, porque a nosotros, los cristianos, todos nos viene del seguimiento de Jesús”. Y en este sentido destacan las charlas que el misionero Miguel Ángel Velasco ofrece por todos los medios posibles, presenciales y online, en favor de una sensibilización más comprometida con los ODS 2030, y con esta red de colaboración supranacional que es la ONU. No en vano, el religioso forma parte del Equipo de Claretianos que el Gobierno General de la Congregación ha destinado a Nueva York, sede de Naciones Unidas. Por su parte, Óscar Romano, miembro también de esta comunidad claretiana ha podido, desde hace dos meses, reincorporarse a su tarea como Capellán del Centro Penitenciario Alicante II (Villena). Noticias todas que anuncian que poco a poco vamos volviendo. “Si es que alguna vez nos habíamos ido”, corrige Julio César Rioja.

 

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