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El Capítulo General toma el pulso a la vida de la Congregación

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Las Constituciones de los Misioneros Claretianos señalan que el Capítulo General es la autoridad suprema en la Congregación. Una vez que el capítulo se constituye declarando la legitimidad de los presentes, la asamblea se conduce con un grado notablemente alto de libertad, pero en el cumplimiento de los deberes que se le asignan suele dedicar unos primeros días a evaluar el estado de la congregación.

Una de las fuentes principales para esa evaluación es la experiencia de los mismos capitulares y lo que ellos han vivido o visto en sus organismos, comunidades y lugares de misión. Otra, bien iluminadora, son los informes que el gobierno general ofrece, respaldados por numerosos datos que hablan de profesiones, defunciones, destinos de unas zonas del mundo a otras, opciones apostólicas, resultados, actividad económica… A la lectura personal de esos materiales y al diálogo sosegado sobre ellos se están dedicando estos días los capitulares. Lo comentado en grupos es presentado en la sala para que todos los miembros del Capítulo (incluidos quienes siguen los encuentros ordinarios on line) sean conocedores de lo que se dice. Los cuidados momentos de oración, que se abren con la posibilidad de compartir un rato de adoración eucarística al amanecer, combinados con los espacios de comedor y convivencia aderezan el camino de reflexión y discernimiento.

Es también el tiempo de ir formando algunas comisiones capitulares. La asamblea se ha dotado de su propio reglamento, que va adaptando a cada circunstancia buenas prácticas aprendidas durante décadas. En esta ocasión un grupo de hermanos estarán especialmente atentos durante todo el encuentro a las afirmaciones de fondo más repetidas y a las posibles consignas de futuro; entre ellos estarán José Cristo Rey García y Pedro Belderrain. Otros velan por la calidad y rigor de las actas que dan cuenta de diálogos y encuentros, como Antonio Bellella. Un tercer grupo (en el que los capitulares han incluido a Teodoro Bahillo) analiza algunos temas ‘especiales’ que personas y grupos han remitido al capítulo y sopesa cómo podrían abordarse.

La paz de los días de retiro, que tanto se ha agradecido, va dando paso a un ritmo de trabajo que comienza a ser intenso, aunque para algunos (como Anthony O. Igbokwe o Adrián de Prado), encargados del buen funcionamiento de la asamblea (traducción, infraestructuras, servicios varios…), ese ritmo intenso comenzó desde el minuto cero.

El capítulo trabajará viernes y sábado e intentará respetar la dignidad y peculiaridad del día del Señor. El descanso no sólo no está prohibido, sino que es muy aconsejable.

 

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