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Arranca el proyecto de acción social ‘Espacio de cuidados’ en el barrio valenciano de la Fuensanta

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Hoy en día, en España, el sistema deja fuera de la cobertura y servicios sociales a muchas familias estancadas en situación de pobreza persistente siquiera antes de que puedan solicitar ayuda para paliar su falta de recursos. Hay barrios dentro de las grandes ciudades en que las situaciones de vulnerabilidad se vuelven más patentes. Esquinas del mapa especialmente degradadas, donde hace falta mucha intervención, y no solo en sus estructuras o en fachadas de edificios. Sobre todo, ayuda para las personas. “En el barrio de la Fuensanta, en Valencia, los vecinos que pueden se marchan cuanto antes”, advierte Berta Sanz, psicóloga que lleva desde el verano trabajando en el proyecto de acción social ‘Espacio de cuidados’ que nuestra oenegé, Fundación Proclade, echó a andar en Valencia hace tres meses y medio. “Realmente es necesaria la implicación de todos para favorecer las condiciones de vida de los vecinos de la Fuensanta”, abunda. “Y yo estoy aquí para trabajar para las personas”.

“El proyecto de acción social en el Valencia se encuentra en una fase inicial”, comienza Francisco Carril, director de la fundación, “pues, aunque se puso en marcha en junio, empezamos a operar en agosto”. “Y en este punto, como ya se hiciera antes en Madrid y en Puertollano (Ciudad Real) cuando arrancamos este mismo proyecto, procuramos tejer redes con otras asociaciones y entidades sociales, como Cáritas, colegios o centros de salud, pues a corto y medio plazo los casos de personas que puedan beneficiarse de nuestro programa nos serán derivados por ellos”. De hecho, gracias a este trabajo, de entre los sesenta usuarios que hasta ahora están siendo atendidos por Proclade, algunos provienen de otras zonas de la ciudad. “Del barrio de Nazaret, en la otra punta de la ciudad, tenemos algunos beneficiarios. Otros ciudadanos de barrios más cercanos también se acercan por aquí a pedir ayuda o asesoramiento”, explica Sanz.

La puesta en marcha del proyecto de acción social en el barrio de la Fuensanta surge, por tanto, de la necesidad de sus vecinos. “No había prácticamente ninguna entidad realizando la intervención que Proclade tiene programada”, incide Carril. “Bien es cierto que tanto el colegio Claret como la parroquia llevan años trabajando hasta donde sus manos les alcanzan, y que Cáritas diocesana y Psicólogos sin fronteras también venían realizando su labor, pero, en todo caso, “era urgente ir más allá, e involucrarse más a fondo”, completa Sanz. “A nivel individual, -explica la trabajadora- los vecinos de este barrio necesitan de un espacio que les impulse a la búsqueda de empleo, ayudándoles a formalizar un currículum, por ejemplo”. “También requieren asesoramiento en todo lo relacionado con gestiones administrativas, como tramitación de ayudas, de la renta valenciana o del ingreso mínimo vital”.

El proyecto ‘Espacio de cuidados’ que nuestra fundación está implantando no solo se preocupa de situaciones de esta índole. También ofrece la posibilidad de trabajar el apoyo emocional, la autoestima, la crianza positiva y todo lo relacionado con la problemática derivada de conflictos familiares. “Tratamos sobre todo con población migrante, especialmente pakistaníes y ciudadanos de Europa del Este; junto a ellos, tenemos casos de personas llegadas de América Latina, así como otros de etnia gitana, y todos ellos precisan un trato individualizado para sus cuestiones más concretas, a la par que una labor que se aborde desde la participación y el trabajo con otros, es decir, a través de grupos donde puedan expresarse libremente”.

De este modo, ya son dos los talleres y actividades que se ofrecen. “Al primero lo hemos llamado ‘Mujeres en comunidad’, y en él abundamos en las relaciones que les incumben sobre todo a ellas”, recalca Sanz. Seguidamente, la experta da cuenta de la segunda de las acciones a nivel grupal, “que es el taller de duelo migratorio”, es decir, del “proceso de reestructuración y adaptación mental que atraviesa una persona al dejar su país de origen y tener que lidiar con las pérdidas que supone esa separación temporal o permanente”. Duelo y pérdida son, por tanto, dos palabras que se asocian a costumbres tan cotidianas como el contacto asiduo con la familia y los amigos, con la lengua, la cultura, y la tierra; pero también la pérdida del estatus, de la sensación de seguridad y de la tranquilidad que deja de tenerse cuando no se conoce bien el entorno.

Por su parte, Francisco Carril adelanta que de cara a este primer trimestre del 2023 se pondrá en marcha el tercer taller, “enfocado a las familias, y en donde podremos trabajar las relaciones que se dan entre padres e hijos y en sus conflictos”. “Es quizá más amplio y ambicioso, pero nos resulta fundamental el poder ofrecer herramientas que ayuden a resolver problemáticas de carácter emocional”, concluye.

“Nuestro ideal es que el proyecto de acción social ‘Espacio de cuidados’ se integre en la vida de la parroquia, y que el proceso se consolide para así llegar a ser referente en este barrio y en otros de Valencia”, expresa Carril pensando a largo plazo. “Queremos llegar a ser una entidad donde los usuarios se sientan como en casa, como ya está sucediendo en Madrid y en Puertollano”. Una responsabilidad que, como siempre, precisa del apoyo de todos nosotros.

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