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Madrid: “Contamos con todos para volver más unidos”

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No ha habido un día sin que en cada nuevo episodio de esta crisis sanitaria faltase quien la estuviera padeciendo con una triste sensación, a duras penas asumida, un susurro diario que hace blanco en el corazón de tantos y que les interpreta este mundo, diciéndoles que no está hecho para todos. Se pueden encontrar los devastadores efectos de esta otra pandemia, que ya viene de lejos, en casi cualquier barrio de cualquier ciudad del globo. En España, el Instituto Nacional de Estadística publicó en el 2019 que más de cinco millones de personas viven solos por encima de su voluntad. La mayoría, ancianos. Otrosí: el relator para la Extrema Pobreza de la ONU, Philip Alston, tras recorrer nuestro país durante más de una semana en el pasado mes de febrero, cuando aún faltaba un mes y medio para la llegada del coronavirus, señalaba que demasiadas personas siguen pasando necesidad. Su informe ofrecía datos escalofriantes. Decía que más de una cuarta parte de la población (26,1%) se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social.

Desde entonces, durante estos más de dos meses de confinamiento han volado imágenes y se han escrito noticias de soledades y precariedades hechas fracaso y herida. Un país que quiere volver a la normalidad y que se topa con otra pandemia brutal que se está cebando con los inmigrantes y los sin techo. Pero otra gran parte de los nuevos contagiados por este viejo ‘virus’,- del que por cierto, sí conocemos las causas y la tierra que lo nutre-, son aquellos que no acababan de caer, los que podían ir tirando y disimulando, sin que nadie se diera cuenta. “En la lista que me han dado esta semana se han sumado cuarenta familias nuevas que requieren de ayudas de alimentos o del pago de algún recibo”, explica José María Lillo, párroco de San Antonio María Claret, en el madrileño barrio de Prosperidad. Los misioneros claretianos que atienden la parroquia ya estaban ayudando, en coordinación con Cáritas, a otras 120 familias más. “No sabemos hasta dónde llegará el coronavirus, pero lo que es seguro es que el drama social tiene bastante recorrido para crecer”, lamenta Lillo, que ya ha repartido casi la totalidad de los 9000 kilos de comida que tenían previstos. “Esperamos que llegue una nueva remesa en los próximos días”.

Al sur de la ciudad, en Vallecas, también destaca la labor de los claretianos que atienden la parroquia de Nuestra Señora dela Aurora y del Santo Ángel. Agustín Sánchez, el párroco, se propuso desde el primer día de confinamiento no cerrar el despacho de Cáritas, “pero ocurre que los voluntarios son personas de las llamadas ‘de alto riesgo’ por la elevada edad, y no conviene que salgan demasiado de casa”. Aun así, los claretianos se las han ingeniado para no dejar a nadie atrás, “y nos encargamos de enviar alimentos a los dos comedores cercanos a la parroquia, el de las Siervas y al de San Ramón, que es del arciprestazgo”, que reparten varios cientos de comidas diarias. También en Madrid, el claretiano Justino Martínez, en el santuario del Corazón de María en el barrio de Argüelles, ha notado que el número de ayudas no para de crecer “y eso que hará año y medio que disminuyó bastante, pero ahora está cambiando la película”, y estos días ya están entregando alimentos a unas cuarenta familias de la zona. Martínez, como el resto de párrocos, no se planteó en ningún momento cerrar el despacho y la acogida: “La parroquia sigue abierta en lo que se refiere a la tarea de escucha, atención y hacerse cargo de las necesidades. También en recogida de documentos, orientación en temas de ‘papeles’, formación y posibilidades de trabajo…”. Y hay otro denominador común: las ayudas para donativos también han crecido: “Cáritas ha demostrado que está ahí, realizando una magnífica labor, pero también me refiero tanto a ayudas particulares como a las que puntualmente nos brindan supermercados y el centro comercial del barrio”, explica Martínez. José María Lillo también lo nota: “hay una mayor concienciación social, quizá porque esto nos ha venido de repente”.

El trabajo de estos misioneros también se expresa en la tarea específica de las dinámicas de pastoral que en estas circunstancias pueden seguir en marcha. Los misioneros que trabajan junto al P. Lillo en la parroquia de Prosperidad siguen ofreciendo apoyo en el colegio Claret, pegado al templo. “Tenemos muy presente que casi dos mil padres tienen a sus hijos confiados en este centro, y queremos estar pendientes de ellos no solo con la atención docente, o en el envío de oraciones diarias”. Los misioneros han tejido una red de asistencia y escucha junto a la Asociación de Padres y al Equipo Directivo para sofocar y dar aliento a los casos que más lo necesitan. Por su parte, Victorino Rey, encargado de la pastoral de la salud, no ha dejado de dedicarse a los enfermos, llamando por teléfono a más de cincuenta cada dos o tres días, convencido de que la acción pastoral es necesariamente acción social. Y en este sentido todas las parroquias siguen manteniendo una preocupación y dedicación a los distintos grupos que ya estaban funcionando, poniendo el énfasis en los feligreses más mayores y sin descuidar la atención en los niños y jóvenes.

 

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