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Navidad en Indonesia (Kupang. 12 de enero de 2005)

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Mi carta no puede menos de empezar recordando y sintiéndome cercano de los más de 110.000 hermanos de nación caídos por la fuerza de la naturaleza, y de los más de cinco millones que se han quedado sin nada. A los amigos de España: mi saludo cordial. Yo estaba a muchos kilómetros de distancia y no me enteré de nada: mi isla pertenece a la provincia "más al este" y la tragedia tuvo lugar en la parte mas occidental de la nación, oeste de Sumatra. Es una región problemática… dominada por rebeldes independentistas Quizás por eso el gobierno de Indonesia no fue más rápido en pedir ayuda internacional y en conocer la extensión de la catástrofe. Yo me sentía molesto al oír noticias de ayuda a Tailandia, India, Sri Lanka... y no se decía casi nada de Indonesia, la más afectada. Recibir el año nuevo ha sido en esta ocasión extraño y raro. Terminamos el año con una misa (de 10 a 11'30): el recuerdo iba de continuo a las víctimas. A las 12 recibimos las campanadas en un gran círculo, estudiantes y formadores, rezando y cantando con entusiasmo pero con pena. Me está sorprendiendo agradablemente ver el tsunami de solidaridad con esta gente de parte de todo el mundo, sin mirar religión, raza o nación. La gente se siente humanidad compasiva del hermano sufriente. Es el mejor regalo de Navidad para la humanidad: sentirse hermano del prójimo que te necesita. He oído y leído la extrañeza de muchos musulmanes aquí, sorprendidos de esta ayuda de países cristianos, mayor que la solidaridad de los mismos países musulmanes. Aun no he oído que Bin Laden haya dado nada de sus riquezas. En una sociedad tan religiosa como ésta no podía menos de salir este sentimiento ante la catástrofe. Existen las interpretaciones más diversas y curiosas: Dios que castiga; Dios que quiere la solidaridad; aviso a nuestro orgullo y modo de vivir... Me dejó de piedra la interpretación del antiguo presidente de Indonesia, Gus Dur, líder religioso: En televisión, respondió a un periodista: "Son las lagrimas de los cristianos no respetados. Yo no tengo miedo a los cristianos pero sí a las oraciones de los cristianos". No sé la profundidad de sus palabras pero a mi me suena a Éxodo, salida de Egipto, respuesta ante los sufrimientos de los israelitas. Un hecho que hace pensar a muchos, aunque no se ha publicado por miedo, es que la única iglesia católica de la capital de la provincia devastada no sufrió ningún daño. Un sacerdote, en medio de la misa, aconsejó a todos a marcharse al monte para salvarse... Historias, historietas, hechos e interpretaciones... Yo pertenezco a otro mundo para entrar en discusiones con esta gente cuando llegan estos momentos… Acabo de hablar de Religión. En estos dos meses hemos tenido dos ocasiones para vivir en comunión y hermandad. Los días 15,16 y 17 de noviembre los musulmanes celebraban su gran fiesta anual, Idul Fitri, el fin del Ramadán. Aproveché esas fiestas al máximo para estrechar lazos y aportar mi granito al mutuo entendimiento. El primer día fui a visitar al Imán de una mezquita, mi viejo amigo Pak Udin. Fueron 4 horas de hablar de religión en profundidad y distensión con el Imán y su familia. Comimos juntos. Cuando le di el abrazo de despedida, la mujer comentó sonriente: "Tal para cual". Y vinieron todos a donde tenia aparcado el coche, un poco lejos. El segundo día no fue tan profundo. Nos juntamos dos claretianos con tres jóvenes universitarios de teología islámica y fuimos a comer a casa de una familia musulmana amiga. Terminamos en la casa de otra familia, la de un profesor de escuela musulmana. No se puede estar más distendido y relajado. Vi un gran respeto y cariño en todos los casos. El tercer día fue aquí en el seminario, estuvimos hablando de la fiesta de nuestros hermanos. La otra ocasión fue el 5 de enero: celebración festiva religiosa de las 4 religiones que hay aquí. Estaba el jefe de los musulmanes, el de los hindúes, el de los protestantes y el obispo católico. Además estaba el gobernador de la provincia y las autoridades militares y civiles principales. En medio de la celebración vemos salir al Gobernador pegado a su móvil. Después nos dijo que había sido el Presidente de la nación, S.B.Y., que se interesaba por la celebración y pedía oraciones por las victimas de Aceh y Samatra Utara. Fue una fiesta sencilla y emotiva. Celebramos juntos el Idul Fitri (15-17 de noviembre), el Nyepi de los Hindúes (11 marzo) y la Navidad de los cristianos, además del año nuevo. Cantamos, rezamos, oímos el mensaje conjunto de las religiones y nos dimos el abrazo de hermanos al terminar. Es ya una costumbre en Kupang que por nada quisiera que se perdiera. Este año no ha habido fiestas de Navidad de grupos. Yo iba de cabeza otros años para aportar el mensaje cristiano de la Navidad a esos grupos. Sin embargo, este año he celebrado la Navidad como hacía tiempo que no la celebraba: con turrón, vino y champagne y visitando y charlando con muchos amigos. Fue todo muy curioso. Dos semanas antes, me llegó un paquete por correo. Era del obispado de Castellón y dentro, además de la felicitación de la delegación de Misiones venían dos pastillas de turrón. Tenía un problema: ¿con quién compartir ese turrón? Lo pensé y repensé y al final fue una especie de comunión. Las repartí entre 6 o 7 familias sencillas más cercanas (un pequeño trocito como en la Comunión). Les explicaba que era la costumbre de España y que la gente de mi diócesis había enviado a todos los misioneros en países de misión el turrón navideño para estar en comunión con ellos... Estas fiestas duraron hasta que conocí la tragedia de Sumatra, el 27 por la noche. Después todo cambió de color y empecé el año con un grito al Señor: TOLONG!!! (Socorro). No podía haber sido un año peor el 2004 en todos los aspectos, y hay aspectos más dolorosos que la misma muerte. Recibimos el 2005 pidiendo al Señor que sea mejor que el pasado pero sobre todo que sepamos ser fieles cuando vengan las dificultades y problemas que sin duda se harán presentes. ¿Y mi situación con inmigración? Sigue el culebrón. El 21 de noviembre salí hacia Timor Leste: mi permiso de permanencia en Indonesia había terminado. Intenté conseguir nuevo visado cultural. Tuve que esperar 5 o 6 días que aproveché para visitar nuestras misiones de allá. Fue visita relámpago pues necesitaba mas de 8 horas de autobús destartalado para ir y otras tantas para volver. Solo estuve un día en Salele - Suai, lugar de trabajo del P. Baeza. Saludé a viejos amigos que aún se acordaban de mis anteriores visitas, admiré los nuevos edificios de la misión: casa, Iglesia y centro de entrenamiento de jóvenes... pero vi que aún queda mucho en ruinas, consecuencia de los destrozos del 99, y la gente enfadada con la corrupción de su gobierno con claras ideas comunistas y de oposición a la religiosidad popular. Cuando conseguí el visado cultural, volví a Indonesia. Fueron 6 días con más de 40 horas sobre autobús (si se puede decir tal), desaparecieron más de mes y medio de mi sueldo de profesor y un montón de horas esperando en fronteras y oficinas. Y a esperar. El permiso de trabajar en Indonesia llegó el 6 de enero, regalo de Reyes: tengo que conseguirlo en Australia. Para ir allá necesito visado de entrada en Australia. Hace 5 días que he enviado a Yakarta mi pasaporte (pobrecito, ya está mareado de tantas idas y venidas) y lo que necesito para el visado. Cada día tengo que añadir algo: certificado de salud, invitación de alguien de allá, cuenta corriente del que me invita, billete de ida y vuelta ya comprado... Y no tengo seguridad de conseguirlo. Si tardan se me acaba de nuevo mi permiso de un mes de estar en Indonesia. Ahora una historia curiosa que tuvo como espectador un compañero claretiano en campaña vocacional por Borneo con las tribus dayang. Un día, al salir de clase, un chaval de 11 años desapareció; los compañeros lo vieron volver a casa en barquichuela por el río. La sospecha se hace general: un cocodrilo se lo ha comido. Se llama al pawang (hombre con poderes mágicos sobre los cocodrilos). Convoca a gritos a todos los cocodrilos del río que obedientes llegan a la llamada. La gente permanece a distancia. Les echa en cara el asesinato del niño y pide que aparezca el culpable pues quieren enterrar el cuerpo. Se señala a un cocodrilo que sale a la playa. El pawang pide permiso para matarlo y recuperar el cuerpo. Tras discusión y ofrenda de un cerdo, los cocodrilos dan el permiso. Sólo entonces el pawang indica a la policía que coja y mate al culpable. Los demás miran tranquilos. En el vientre del cocodrilo aún había parte del cuerpo destrozado del niño y sus ropas. ("Relata refero"; cuento lo contado por el P. Dami, testigo ocular). Estas tribus se consideran descendientes de los cocodrilos y los tienen como semidioses (¡Son casi todos católicos!) Hay algunos muy amigos y familiares de los cocodrilos… Nada más, amigos; seguimos unidos en la comunión de los santos, apoyándonos mutuamente y pidiendo al Señor que sepamos acoger el don de un nuevo año con todo lo que nos depare.

José Miguel Celma, cmf.
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