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Seve Lázaro: “Abramos espacios donde la gente se recupere de la soledad que la crisis del covid-19 nos ha traído”

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“Tenemos hoy, ante nosotros, un mundo que se dibuja con unas características distintas a causa de la experiencia de fragilidad que impuso el covid-19. Basta recordar a tantas personas que, desde el momento más duro de la crisis del coronavirus nos enseñaron -y continúan enseñándonos- a enfrentar el presente desde el compromiso con la solidaridad y la cercanía. Yo creo que esta es la alternativa de futuro que debemos abrazar”. De este modo se expresó ayer el religioso jesuita Seve Lázaro en el último programa de ‘Viaje en globo’, iniciativa organizada por el equipo de Solidaridad y Misión de los misioneros de Santiago.

Así, en los cuarenta y cinco minutos de duración del programa que llevaba por título ‘Y después de la pandemia, ¿qué?’ se fueron desgranando los nuevos significados que emergen tras valores como ‘encuentro’, ‘creatividad’ o ‘compromiso’, resituados a la luz del misterio de la vulnerabilidad. “A nadie le gusta sentirse débil, antes bien, preferirá saberse arropado y considerado, pero a la fragilidad que hemos experimentado estos últimos meses deberíamos agradecerle que nos ha enfrentado súbitamente a lo que somos: personas necesitadas”, reflexionó al inicio el P. Lázaro. Y no era este un pensamiento copiado y recalentado, pues sus palabras brotan del propio testimonio del contagio, aquel que le cogió desprevenido a mediados del mes de marzo del año pasado mientras recorría de arriba a abajo el madrileño barrio de ‘La Ventilla’, donde vive y trabaja. Acababa de irrumpir el coronavirus y cundía el miedo y la desinformación. Él se encontraba aislado en una habitación de hospital, “encerrado casi herméticamente”. “Fui víctima del covid y también testigo de sus consecuencias, del desconcierto y la soledad. Sobre todo de aquel no saber, rememoraba el jesuita. 

Y la pandemia no ha pasado, “y desde luego a nadie se le ha olvidado, pero no podemos vivir en este estado de encerramiento. Sobre todo porque más allá de la crisis sanitaria, ahora estamos viendo una emergencia social que no puede esperar. Necesitamos dar respuesta y ofrecer espacios donde la gente se recupere de toda esta cantidad de soledad que la crisis del covid-19 nos ha traído”.

La Casa San Ignacio

La presencia de la Compañía de Jesús en el barrio de ‘La Ventilla’ cuenta con más de cien años de historia. Jesuitas de distintas generaciones, trabajando en favor de esta zona al norte de la capital, han visto cómo transcurrían los convulsos años 20, la Guerra Civil Española, la posguerra, el franquismo y después las diversas crisis económicas que se sucedieron en democracia. A lo largo de este tiempo han fundado dos parroquias, -aglutinadas hoy en la Unidad Pastoral Padre Rubio-, un colegio y también un espacio que teje relaciones entre las distintas oenegés que trabajan a nivel local, nacional y global. Hoy, el P. Seve está al frente de dos de ellas, ‘Pueblos Unidos’, que acompaña a personas migrantes y ‘Amoverse’, que trabaja en el ámbito de la defensa y promoción de los derechos de la infancia. Las dos comparten edificio en la calle Geranios, en la Casa San Ignacio, de la que Seve Lázaro es director. Además, es representante de la Entidad Titular del centro educativo Padre Piquer y también vicario de la unidad pastoral. Con este nivel de responsabilidades es difícil imaginar su día a día. “Estoy en la edad de tirarme a todos los charcos”, responde él quitándose importancia. La realidad es que se deja la piel en la labor social, buscando impregnar las estructuras de la vida humana de una expresión más plena de la justicia y el amor que brota de la fe. Hoy, más nunca, empeñado en abrir esos caminos de los que hablaba anteriormente, aquellos que permitan a la gente sacudirse de encima la angustia que nos trajo el coronavirus, la sensación de encerramiento y de soledad. “Necesitamos más hospitalidad. Necesitamos que las comunidades religiosas vivan en hospitalidad, que abran espacios para los últimos, introduciendo nuevos valores en el modo de vida de aquellos a quien acogen, entrando en lo más profundo del corazón de las personas”, finalizó.

 

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