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Acompañar la vulnerabilidad en femenino y plural

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Ha pasado 25 años entre Nicaragua, Guatemala, México y Ecuador. Sevillana de origen, María José López, religiosa mercedaria misionera de Bérriz de 63 años, lleva dos en España, pero aún se siente más de América Latina que de su país de origen. Ella es la imagen de una religiosa que ha dedicado su vida a profundizar en la manera de acompañar a los más vulnerables, (y, sobre todo, a las más vulneradas) desde el evangelio y sin perder nunca su propia mirada, la de mujer. “Nosotras tenemos algo que no podemos perder, la sororidad, esta solidaridad entre mujeres, especialmente ante situaciones de discriminación sexual y actitudes y comportamientos inadecuados”, expresó el pasado jueves en la entrevista del último programa ‘Viaje en Globo’.

El trabajo de la entrevistada se ha centrado en el ámbito migratorio. Aquí, en este tiempo que lleva en España colabora con nuestra oenegé Fundación Proclade, además de con Cáritas y con la Asociación Puentes de Esperanza. De sus años al otro lado del charco pudimos hablar de su vivencia en ‘La Bestia’ aquella red de trenes, sin duda, la más controvertida en México. Y antes, en Nicaragua, en el programa de atención a los damnificados por el huracán Mitch. O en Ecuador, trabajando unos años más tarde en el equipo de emergencia creado a raíz del terremoto producido en la zona de Manabí.

Sin embargo, el programa de ayer abarcó más de lo que podría ser el hecho de estar recopilando vivencias de tantos lugares. En concreto, quisimos conversar en torno al acompañamiento, que no es sinónimo de confesión, ni terapia psicológica; no es una relación de ‘colegas’ o un diálogo de amistad. Acompañar es “saber escuchar, generar un diálogo desde la empatía”, definió López al inicio. “El acompañamiento ha de ser desde un nosotros, porque somos hombres y mujeres convocados en las relaciones”.

“Hay que tomar conciencia de cómo acompañar, reconociendo el derecho de la diversidad en la que estamos presentes en cada momento”, proseguía. Así, desde su propia experiencia, continuó afirmando que “el matiz y el color del acompañamiento me lo ha dado la vivencia de todos estos pueblos donde he podido ejercer mi vocación de misionera”.

En todo caso, a la hora de buscar un referente, para la religiosa habríamos de buscarlo en “el Jesús sufriente, el que sabe lo que es el sufrimiento, el que por ello puede, en contacto directo con cada uno de nosotros, tocar nuestro dolor”. Es más, “me atrae especialmente cuando Jesús se hace compañero de camino, como en el pasaje de los discípulos de Emaús”. Sobre todo, “el hecho de ver cómo Jesús les persuade a retomar las fortalezas que creían perdidas, o al menos ocultas”, recalcaba.

 

Así, en su labor, López se reconoce, antes de nada, “como la que escucha, como quien quizá puede ayudar a enfocar las situaciones”. “Pero hay una experiencia que suelo percibir”, confesó. “Aquel momento mágico en el que la persona adquiere una certeza que le dice que hay esperanza”. “Detrás de eso, siempre lo digo, está Jesús de Nazaret”, concluyó.

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