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La Pascua 2005 por los jóvenes de la Parroquia del Inmaculado Corazón de María de Madrid (c/ Ferraz)

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Ya son muchos años viviendo la experiencia de las Pascuas de los grupos juveniles en la Provincia de Castilla. El lenguaje se ha hecho común (“Pascua juvenil”, “Pascua rural”, “Pascua misionera”, “Pascua contemplativa”), pero sobre todo lo que se ha ido haciendo común es la experiencia de vivir personal y comunitariamente con una especial intensidad la Muerte y Resurrección del Señor. Como sus discípulos, nos sentimos invitados por él a acompañarle a Jerusalén, y como aquéllos nos quedamos en silencio ante el aparente absurdo de la Cruz y nos estalla el corazón de alegría ante Cristo Resucitado que viene a nuestro encuentro.
Un año más, también en la Parroquia del Inmaculado Corazón de María de Madrid hemos vuelto a vivir esa experiencia. Los más jóvenes han estado en las casas del Atazar, en “peti comité”: pocos chavales del Centro han ido al final. Han vuelto encantados, para envidia del resto: el año que viene irán más. La comunidad juvenil hemos estado en dos pueblecitos de Segovia, Carrascal del Río y Navalilla, de Pascua Misionera, compartiendo y celebrando con aquellas gentes.

El Domingo de Ramos ya estábamos allí, ocho jóvenes y el cura, presentándonos y proponiendo una Pascua un poco especial para compartirla y celebrarla todos juntos. Lunes, martes y miércoles fueron días de visitas a las casas y de reuniones con los niños, los adolescentes y los adultos; con los jóvenes del pueblo no pudimos hacer casi nada. Y el Jueves Santo, ya el grupo completo –12 más 1–, con la Cena del Señor comenzamos el ritmo de celebraciones del Triduo. Las tradiciones y el espíritu joven se unieron: las canciones de siempre y las modernas, las procesiones y las oraciones del Huerto o de la Soledad de María, la sobriedad del beso a la Cruz del Viernes y la renovación hundiendo las manos en el Agua bendita del Señor del Sábado. Y así hasta estallar todos juntos de alegría ante el fuego, la Palabra, el Agua y la Eucaristía de la Vigilia Pascual. Con sus dificultades –también hay que vivir la experiencia de la Cruz– pero también hemos muerto y resucitado con el Señor: y al final, la comunidad ha renacido más unida y más fraterna, la gente de los pueblos nos han abierto sus casas y sus corazones, y hemos celebrado juntos, con profundidad, esperanza y alegría, la Pascua del Señor.

Y así, poco a poco, seguimos caminando con nuestras cruces al hombro a la luz de la esperanza que nace del Resucitado. Que el Espíritu prometido venga sobre todos.

Equipo PJV Castilla (Javier Goñi)

Javier Goñi
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