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Sesión formativa del Curso de Protección de Menores del ITVR: “Todavía hay muchas cuestiones que nos deberían poner en guardia”

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El Instituto Teológico de Vida Religiosa de Madrid ha apostado por la formación telemática y en abierto para las sesiones presenciales de la segunda edición del Curso de Protección de Menores que este año, al igual que el anterior, ha comenzado a ofrecer en colaboración con Centre for Child Protection de la Universidad Pontificia Gregoriana. Así, en la mañana de hoy, los profesores Carlos Martínez Oliveras y Basilio Álvarez han expuesto en una jornada de reflexión de dos horas sendas comunicaciones íntimamente relacionadas entre sí. En un primer término, una mirada retrospectiva de los abusos sexuales en la Iglesia, para continuar, en segundo lugar, con la importancia de adquirir destrezas para la creación y puesta en marcha de entornos seguros y de cuidado del menor y del adulto vulnerable en el seno de nuestras órdenes y congregaciones religiosas.

Del tal modo comenzó tomando la palabra el P. Martínez Oliveras, doctor en teología y director del Instituto Teológico de Vida Consagrada entre los años 2013 y 2020. Y lo hizo repasando las últimas noticias en el ámbito social y eclesial respecto al tema de los abusos sexuales. Un tema muy actual y de vigencia, para el que el coordinador de este curso ha tenido que seleccionar entre un buen número de artículos y titulares publicados en menos de un mes. “Un repaso con el que quiero dar idea de que estamos ante un iceberg: sobresale algo pero por debajo hay muchas cuestiones que nos deberían poner en guardia”, afirmó el religioso. “Si la cuestión no se trata a fondo la Iglesia se enfrentará a una crisis tras otra”, advirtió parafraseando al jesuita Lombardi.

Hemos empezado a escucha a las víctimas

Seguidamente, Martínez Oliveras articuló su reflexión en cuatro bloques, comenzando por la razón central que convoca este curso, las víctimas. “Si la percepción sobre el tema de los abusos ha cambiado es porque hemos empezado a escuchar a las víctimas y a creerlas”, concedió. “Destruyó mi vida”, “no merece ser llamado sacerdote”, “no puedo comulgar”, “perdí toda mi dignidad”, “son asesinos de la fe”, “asco, angustia, rechazo, vergüenza, miedo”. Estos fueron solo algunos ejemplos de las vivencias de personas abusadas que leyó Martínez Oliveras y que expresan indudablemente su destrucción interior. “Matan el alma, pero siguen dejando a las personas con vida”, resumió el claretiano. A renglón seguido la conferencia trató de sobrevolar por algunas situaciones que se han dado en distintos países, un recorrido que nos ofreció unas pinceladas para hacerse una idea global. Y de tal modo desarrolló las claves de comprensión de la situación y posterior respuesta que la Iglesia, presente en países como Estados Unidos, Chile, Perú, Irlanda o Francia pudo ofrecer. “En España se han puesto en marcha iniciativas, como han evidenciado distintos institutos de vida consagrada y algunas diócesis elaborando protocolos, pero aún hay mucho trabajo por hacer en la confección de un informe conjunto”, expresó.

Pasando a los últimos desgloses de su disertación, el claretiano quiso dejar constancia de la respuesta de la Iglesia y de las claves desde las cuales ésta ha comprendido la magnitud del problema y la articulación de reformas legales y protocolos institucionales para prevenir, detectar y gestionar adecuadamente. Una batería de numerosos posicionamientos ante los que el religioso se preguntaba “¿cuál es el grado de aplicación de todos ellos? ¿De verdad y hasta dónde? ¿Cuánto tenemos que crecer como Iglesia frente a estas medidas? ¿Cuánta decisión y liderazgo nos sigue haciendo falta?” “En todo caso, una triple prioridad ha quedado clara: víctimas, transparencia y responsabilidad”, finalizó.

“Entornos seguros: ¿desafío o imperativo evangélico?”

Tras este exhaustivo estudio sobre los esfuerzos de la Iglesia, el profesor Basilio Álvarez comenzó su turno exhortando a la creación de entornos seguros. “¿Es un desafío o es un imperativo evangélico?”, cuestionó.

Para que la creación de estos sea posible debemos situar en el centro de nuestra reflexión y de nuestra acción a las víctimas –“¿queremos escuchar la voz de Dios desde el grito de las víctimas?”, formuló el Coordinador del Equipo de Titularidad de los colegios de esta Provincia claretiana– y comenzar a trabajar desde ya para que en nuestras obras apostólicas, con la implicación de todos, se reduzcan los factores de riesgo de los más vulnerables. “Existen unas características del menor, así como ciertas peculiaridades en su estructura familiar y cultural que se pueden detectar e intervenir”, expresó el religioso.

El fin ha de ser siempre potenciar factores de protección que empoderen a los menores, formando y dotando a sus progenitores de competencias y habilidades parentales y contribuyendo a que sus condiciones de vida y su entorno socio-religioso y escolar sean positivos. Entre ellos, destacó el desarrollo de habilidades para los padres, con las que puedan educar debidamente a sus hijos en temas relativos a lo afectivo-sexual. También el trabajo educativo sobre las emociones del niño, o la participación en un entorno escolar amable.

Entre las buenas prácticas de las Instituciones Eclesiales quiso detenerse el P. Álvarez en dos herramientas: los códigos de conducta, es decir, la declaración de valores y principios que inspiran el comportamiento de nuestra institución, y los planes integrales de protección de los menores y adultos vulnerables, “que deben tener como destinatarias a todas las personas, y en el centro de ellos, a las víctimas”. Otras también citadas fueron los grupos institucionales de entornos seguros, los planes de formación en esta materia, los canales de comunicación internos y externos para la denuncia de estos casos, las reformas en las instalaciones y las políticas activas de transparencia y reparación respecto a casos del pasado.

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