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Vivir con mayor hondura el Misterio Pascual

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Durante esta Semana Santa, un grupo de jóvenes de Gijón y del “Claret Meeting Point” (Madrid), acompañados por el misionero Luis Manuel Suárez, compartieron la celebración de la Pascua “dando y recibiendo”, como afirma el claretiano. Una Pascua Samaritana Conjunta que se tradujo en días de ofrecer y compartir, conscientes que como casi siempre, es mucho más lo recibido. “Dar como el samaritano del Evangelio, que se para y atiende al que lo necesita; y recibir como la mujer samaritana, que en el encuentro con Jesús se va descubriendo a sí misma”, explica Luis Manuel Suárez. El lugar que escogieron fue la casa de Basida en Navahondilla (Ávila), una gran familia formada por una comunidad cristiana, un buen grupo de residentes y varios voluntarios. “Nos sumamos a su ritmo cotidiano de vida y, juntos, preparamos y celebramos los días grandes del triduo Pascual”.

El grupo, por las mañanas, compartía los diversos trabajos de la casa de limpieza, cocina, asistencia a algunos de los residentes o acompañamiento de los niños. Por las tardes, preparaban los oficios de Semana Santa y los celebran, sintiendo con Cristo al ritmo de su entrega, su pasión y su resurrección. “También un grupo de nosotros nos desplazamos a la iglesia de Navahondilla para celebrar allí los oficios junto con los habitantes del pueblo y los que en esos días se habían acercado”, abunda el religioso. Todo envuelto en esa convivencia tan sencilla y tan fraterna que se respira en Basida.

A Ávila también se desplazaron algunos misioneros junto a los Antiguos Alumnos del colegio Claret de Madrid, para celebrar una Pascua más familiar. En concreto, hasta Gil-García, un pueblo perteneciente a la comarca del Barco de Ávila. Allí presidió la celebración del Domingo de Resurrección el P. Josema Sueiro en una celebración bien cuidada con más de 50 asistentes, entre los que podía contarse distintas familias y jóvenes.

Pascua rural

Muy cercano a este pueblo, a unos 35 kilómetros, se encuentran La Aliseda de Tormes y Los Llanos de Tormes. En estos pueblos, situados en la parte norte de la sierra de Gredos, el misionero Adrián de Prado acompañado de 13 alumnos del último curso del colegio Claret de Madrid, celebraron estos días, desde el Domingo de Ramos hasta el de Resurrección. “Son pueblos con pocos habitantes que agradecen mucho la presencia de jóvenes. Ellos, por su parte, han de adaptarse eclesialmente a estas celebraciones y eso es una experiencia muy buena a la que los jóvenes responden generosamente”, comenta el P. Adrián.

El grupo más numeroso, el correspondió este año a la cuarta edición de la Pascua joven conjunta que organiza la Provincia, marchó a Dueñas (Palencia) y estaba formado por casi 120 personas entre los venidos de los colegios Aranda, de Gijón, de Valencia-Benimaclet y de Madrid. En esta ocasión, fueron cinco misioneros -los pastoralistas de cada centro juvenil para jóvenes de los cursos de ESO y Bachillerato- coordinados por Adolfo Lamata, vicario provincial, quienes acompañaron a tan numeroso grupo. Con casi dos meses de antelación se reúnen los encargados de preparar las celebraciones de estos días, “para repartir los distintos momentos de cada una de ellas, y así, entre todos, participar de la riqueza que se nos ofrece”. De tal manera, también se prevé los asistentes puedan regresar a participar del domingo de Resurrección con sus respectivas parroquias de cada ciudad, “y así dar testimonio de lo vivido con el resto de la comunidad”, finaliza el misionero.

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