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Nathaniel Rayappa, cmf, ordenado sacerdote

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El pasado 26 de enero, Nathaniel Rayappa, cmf, fue ordenado sacerdote tras haber sido formado en la Comunidad Intercultural de Colmenar Viejo. Recibió la ordenación de manos de Mons. Bernard Blasius Moras, obispo emérito de Bangalore, en la Parroquia del Sagrado Corazón de Silvepura.

Desarrollará su ministerio en la Provincia Claretiana de Santiago, donde el P. Rayappa está incardinado. Desde España viajaron para estar presentes durante la celebración los PP. José Antonio Serrano, y Juan José Raya, en nombre del Superior Provincial, P. Pedro Belderrain. También se hicieron presentes Dña. Ascensión Aragoneses y Soledad Matarranz. El P. Rayappa, estuvo acompañado por una treintena de misioneros de la Provincia de Bangalore, encabezados por su Superior Mayor y dos diáconos claretianos. El párroco de la Iglesia, así como también numerosos amigos, parientes y feligreses, también le acompañaron, mostrando así, todos ellos, su cercanía y afecto.

Al día siguiente, el recién ordenado celebró la Misa de Acción de Gracias en Parroquia de Sagrado Corazón de Silvepura.


Soledad Matarranz, laica muy cercana a los claretianos de Santiago, ha querido hacernos llegar un pequeño texto de la ordenación en la India. Una crónica de ambiente de lo allí vivido estos días.

SOLE MATARRANZ | El 24 de enero marchábamos desde Segovia hacia la India un grupo de cuatro personas para asistir a la ordenación sacerdotal de Rayappa Nathaniel, misionero claretiano, en Lurdunganar, un pueblo cerca de Bangaluru. Llegamos un día después, y ya nos estaban esperando en el aeropuerto los misioneros de la comunidad que allí trabajan. El 26 fue el día de la ordenación y tuvimos que madrugar para acercarnos hasta el pueblo de Rayappa, siempre contando con la exquisita acogida y atención de los claretianos de la zona. De camino, ya empezamos a ver señales del acontecimiento. Habían pegado por las calles unos carteles enormes con datos de la ceremonia y con la foto de Rayappa, que nos iban guiando. Íbamos por el camino correcto y supimos que ya habíamos llegado cuando vimos todo adornado con muchas flores de diferentes colores, con guirnaldas, luces, gente vestida de fiesta y caras de alegría. Cuando bajamos del coche también nos recibieron, aunque en este caso fue el propio Rayappa y su familia. Desde ese momento, en cada acto, en cada situación, nos sentimos parte de su entorno más cercano. Así ha ocurrido en todo momento en nuestro viaje. La acogida, siempre como bandera.

Orden sacerdotal

La celebración empezó con una corta y solemne procesión hasta la iglesia, encabezada por Rayappa, al que seguían sus padres, muchos compañeros sacerdotes y el obispo ordenante. La ceremonia transcurrió en el idioma local, pero al conocer la liturgia, de alguna manera, pudimos seguir la ceremonia aunque a decir verdad, yo entendí poco. Pero sí supe captar la expresión de devoción de los asistentes, su alegría y su participación activa. Se percibía rápidamente el ambiente de felicidad y de calma. Una ceremonia vivida y cuidada también en los detalles: pétalos de flores, velas, música, y hasta en el colorido de los vestidos. Estábamos viviendo algo verdaderamente importante. Fue un día en que, de forma particular, pude revivir sensaciones y emociones que estaban tal vez un poco adormiladas, y que me impulsaron a un nuevo estado de acción de gracias. Una vez terminó la ceremonia, todos los asistentes compartimos también la comida que la familia nos había preparado.

Al día siguiente, pudimos asistir a su primera misa que, al igual que el día anterior, comenzó con una solemne entrada en procesión. Nadie quiso perderse la celebración que se desarrolló con enorme alegría, participación y entusiasmo. Ese mismo día también hubo bautizos. Entre todos los agradecimientos y agasajos que proferían a unos y a otros, nosotros también recibimos alguno. Sentimos que éramos y formábamos parte de la familia. De hecho, todo el día lo pasamos con la familia de Rayappa, que de nuevo compartió su alegría y también comida. Supieron saciarnos de alimento para el alma, además de haber preparado sustanciosos ágapes. Es un pueblo humilde con una gran gente, que tiene una grandeza de espíritu y una fe entusiasta y contagiosa.

En esta sociedad en la que vivimos no es tan fácil encontrar a tantos emocionándose de la forma que lo ha hecho el pueblo de Rayappa. Viven la fe con un fuerte entusiasmo y con generosa entrega. Sin prisas y con una gran disposición, capaces de minimizar cualquier contratiempo, por ejemplo, tener que levantarse a las 5 de la mañana para ir a la iglesia. Ellos sabían que saldrían de ella con sensación de plenitud.

Me llevo a Segovia una experiencia única de este viaje, y que estoy segura de que no olvidaré nunca. En muchos momentos, viéndoles, me he interrogado sobre el tipo de fe que tengo, sobre la fortaleza de mi fe. Cómo expreso yo mi fe, no sólo de cara a Dios, sino de cara al público.

Agradecimientos

Los misioneros Juanjo Raya y José Antonio Serrano, cmff, y mi “hermana”, Chon, compañeros en este viaje, han participado de toda esta vivencia. Ellos, concelebrando con Rayappa; y nosotras, con y en familia. Muchísimas gracias por vuestro cariño, por vuestra atención, por vuestra compañía, por vuestro sentido del humor…   cualidades muy importantes todas ellas para un viaje tan largo y tan importante.

Muchísimas gracias a los claretianos de Bangaluru  que nos acogieron con tanto cariño y tanto detalle, que estuvieron siempre atentos a nuestras necesidades, y que nos han estado acompañando. Nos habéis hecho sentir como en casa.

Muchísimas gracias a Rayappa y a su familia que nos han hecho sentir familia, nos han dado tanto cariño, nos han enseñado la cultura, la historia, las costumbres…. Sin abrazos nos han hecho sentir abrazados y nos tocaron el corazón. Ahí quedó su huella para siempre.

Que Dios bendiga a Rayappa, que siga siendo su fuerza, su fuente, su principal referencia, y que  le llene de gracia para transmitir todos estos dones a cuanta gente encuentre en su camino.

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