El P. Luisma Suárez, miembro del equipo de animación pastoral, destaca el valor eclesial de la visita y la sintonía entre los mensajes del Papa y las líneas de la pastoral provincial
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3. LO DE LAS "DIACONISAS" NO COLÓ
Seguramente Claret no intentaba elevar a las mujeres a ese estado clerical, pero cometió un error, llamar diaconisas a las mujeres más activas apostólicamente. El cardenal de Tarragona le cortó las alas inmediatamente. Y no porque no se fiara del grande y admirado misionero, sino porque pensó que entraba en un terreno minado. No estaban los tiempos para experimentos. Pero ¿qué fue lo que envió Claret al Sr. Cardenal?
Pues las Constituciones de una Hermandad del Santísimo e Inmaculado Corazón de María y Amante de la Humanidad, de hombres y de mujeres, de clérigos y de laicos que quería fundar. En ellas ocupaban un lugar especial en el texto las diaconisas, que eran mujeres que podían colaborar, según sus inclinaciones, en la catequesis, la educación de las niñas, la instrucción de las mismas en la vida espiritual y en el fomento de la vida sacramental y devocional.
Este nombre de diaconisas debió de sorprender tanto al anciano arzobispo de Tarragona, que manifestó su desaprobación; así se deduce de una carta que Claret dirigió el 1 de enero de 1848 a Caixal, en la que afirma: «He recibido la de V. en que me dice de parte de S. E. que retire el cuadernito de la hermandad que habla de las diaconisas, lo que he cumplido con toda exactitud porque Dios me libre de hacer cosa alguna que sea opuesta a la voluntad de los Prelados de la Iglesia…».
Por eso su reacción ante la mencionada desaprobación fue inmediata: mandó quemar todos los ejemplares editados y suspendió la hermandad. Así se frustró un proyecto que reflejaba la madurez apostólica de Claret.
Hoy las cosas hubieran ido de otro modo, pero como suele decirse, el P. Claret se adelantó a su tiempo.
