
Octubre, cuando la Iglesia celebra su mes misionero, dispuso el marco por el que discurrió la nueva entrevista de Viaje en globo, que ya ha entrado en su quinta temporada con un invitado de excepción, un misionero que ha pasado media vida mirando lejos y quedándose cerca. El P. Antonio Llamas, claretiano nacido en Málaga en 1968, coordina desde hace tres años el secretariado de la Comisión de Justicia, Paz e Integridad de la Creación (JPIC) de la Congregación. Antes estuvo cinco años en el norte de Argentina y veintidós en Zimbabue. De todos sus aprendizajes dio cuenta en la tarde de ayer, sabiéndose en confianza, jugando en casa.
El agua como primera lección
Su “primera conversión ecológica” no salió de los libros. Llegó con el agua, o más bien, con la falta de agua. “Teníamos que dedicar mucho tiempo a buscar y acarrear agua para beber y para las necesidades de cada día”, recuerda el religioso sobre los inicios de la misión en Zimbabue. Con la sequía se complicaban la vida cotidiana, la pastoral y la atención a los más necesitados, “hasta los momentos de la muerte”.
Aquella experiencia cobró para él “un sentido nuevo desde la fe” cuando vio publicada en 2015 Laudato si'. La idea de que todo está relacionado cambió su manera de entender la misión y su propia vida. Lo cuenta sin triunfalismos: “Todavía tengo muchas incoherencias y necesito seguir convirtiéndome”.
Inculturarse y reaprender
De su etapa en Humahuaca, adonde llegó recién ordenado, se quedó con el aprendizaje de la inculturación y con el descubrimiento de su propio etnocentrismo. Siente una gratitud profunda por el pueblo colla. Zimbabue, dice, le obligó a “hacerse niño otra vez” y recorrer el camino que empieza aprendiendo una lengua, entrando en otra cultura y dependiendo de los demás. Allí pasó “los años más productivos” de su vida misionera, de los 33 a los 55. “Llevo Zimbabue en el corazón”.
Esa trayectoria explica cómo trabaja hoy. “No estamos para llevar soluciones hechas desde Roma, sino para escuchar, aprender de las comunidades, acompañar sus procesos y caminar juntos”.
Una red para no estar solos
Ahora, desde Roma, como coordinador del secretariado de JPIC, impulsa un proyecto que, ante todo, busca conectar a los distintos organismos claretianos desde su dimensión misionera y solidaria. Según explica Llamas, lo primero que gana una provincia al entrar en la red es “descubrir que no está sola”. Una provincia acompaña a migrantes, otra ha desarrollado una metodología de educación para la paz, otra trabaja en el cuidado de la casa común. “¿Por qué empezar siempre desde cero cuando podemos aprender unos de otros?”.
Hay, además, una razón de fondo. Muchos problemas locales tienen causas que van mucho más allá de las comunidades. Una congregación internacional puede unir esas realidades y hacer oír su voz donde se toman las decisiones. Hoy el trabajo se concreta en cursos anuales de formación para los coordinadores. También se pide a los gobiernos de los organismos que nombren coordinadores y les den “el apoyo económico y moral” que necesitan.
Llamas insiste en un matiz. “No se trata tanto de que nosotros hablemos más, sino de que se escuche la voz de las personas y comunidades a las que acompañamos”. El horizonte llega hasta las instituciones internacionales, como las Naciones Unidas, donde la Congregación ya tiene cierta presencia. Reconoce también los obstáculos. Hay que pasar “de intercambiar información a actuar juntos”, y una red “no funciona solamente con buena voluntad, pues necesita personas, formación, tiempo y recursos”.
Ecología: del discurso a la transformación
En muchos lugares donde están los claretianos, el cambio climático y la escasez de agua “no son cuestiones teóricas”. Pero esas mismas comunidades muestran “una enorme capacidad de resiliencia” y buscan soluciones con muy pocos recursos. Desde SOMI se impulsa una red ecológica, y desde JPIC se están identificando las iniciativas que ya existen. Llamas está convencido de que “se está haciendo mucho más de lo que imaginamos”.
Más de diez años después de Laudato si', su diagnóstico es prudente. A algunas comunidades la llamada apenas les ha llegado. En otras, la sensibilización no siempre se traduce en cambios de hábitos ni en acción colectiva. Por eso pide nuevas narrativas y partir siempre “del sufrimiento de la creación y de las personas más afectadas”, conectando así la conversión personal con el compromiso social.

Migraciones: antes que migrantes, niños
La 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado se celebró el pasado 27 de septiembre y estuvo dedicada a los menores y adolescentes en los procesos migratorios. Para Llamas, la Iglesia aporta ante todo una manera distinta de mirar. Donde el debate público habla de fronteras, seguridad o números, “Nosotros estamos llamados a ver personas concretas”, con una dignidad que no depende de sus papeles. Recuerda que nadie deja su tierra sin razones. Violencia, un orden económico injusto, el cambio climático son parte de las causas. Pero además, “todos tenemos alguna responsabilidad” en ese modelo.
“Antes que migrantes son niños y niñas”, subraya. A los Estados les pide que pongan en el centro de sus políticas la dignidad humana y el interés superior del menor. A las comunidades cristianas, que sean “verdaderos espacios de acogida, de encuentro y de fraternidad”, sin miedo ni prejuicios, y que reconozcan en quienes llegan sus capacidades y sus sueños, no solo sus necesidades.
En este campo, el trabajo en red se vuelve imprescindible. “Si las causas, las rutas y las políticas migratorias superan las fronteras, también nuestras respuestas y nuestras alianzas tienen que ser capaces de superarlas”. Por eso la red claretiana quiere trabajar también con otras redes eclesiales y de la sociedad civil. El reto, dice, es que la rica presencia internacional de la Congregación se convierta en “una verdadera capacidad colectiva de acción y transformación”.
Un consejo para quien empieza
Preguntado por qué le diría a un joven claretiano que empieza ahora, el misionero solo acertó a responder con su propia historia: “Que se deje sorprender por la gente. Que no llegue pensando que tiene mucho que enseñar, sino también mucho que aprender”. Le pide vivir la inculturación de verdad, con los pies en la realidad local y la mirada abierta al mundo. Y le recuerda que la misión también consiste en reconocer los procesos de transformación que ya existen y en “dejarnos transformar nosotros mismos en ese camino”.
Enlaces:
[1] https://www.claretianos.es/noticias/solidaridad-y-mision
[2] http://www.addthis.com/bookmark.php?v=250