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Primeras comuniones, pese a la pandemia

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Es junio, pero también podríamos decir lo mismo de septiembre u octubre: son días de primeras comuniones. Parroquias y comunidades viven con entusiasmo el estreno en la celebración eucarística de niños y niñas que llevan dos años preparándose para este momento. No es mayo, lo sabemos. Pero es que el coronavirus ha provocado que la celebración del sacramento haya tenido que espolvorearse a lo largo del año, empujados por las ganas de las familias, de párrocos y catequistas, y por supuesto de aquellos que suspiraban por recibirla, venciendo la incertidumbre y poniéndose manos a la obra para retomar las catequesis y elegir la fecha más propicia.

“Tras la irrupción del coronavirus, en plena vuelta a la nueva normalidad, con mucha incertidumbre nos mantuvimos a la expectativa”, detalla Emeterio Chaparro desde la madrileña parroquia de Nuestra Señora de la Aurora y el Santo Ángel. “Y decidimos volver con las catequesis en navidades, cumpliendo, eso sí, con todas las medidas de seguridad; las mismas que se instauraron en los colegios de distancias, gel, mascarilla y grupos-burbuja”. “Y estamos muy contentos porque no hemos tenido problemas de contagios, todo ha sido presencial y el 12 de junio, celebramos la primera comunión de ocho niños”, explica el claretiano. El misionero subraya la gran suerte que tuvo al ver cómo se ha acompañado a aquellos que van a comulgar por primera vez en esta etapa tan singular, marcada por la pandemia. Coincide con él el también claretiano Javier Díez, desde Alagón. La situación allí también fue parecida, y no comenzaron hasta enero, “por lo que nuestros grupos aún no la han recibido”. “Tenemos cuarenta y ocho chicos repartidos en tres fines de semana diferentes, desde el último de junio hasta el segundo de julio”, detalla.

Dividir a los chicos en diferentes grupos burbuja, conllevaba más horas y desdobles de catequistas, pues “se han llegado a duplicar el número de grupos a los que atender”, explica Díez. Y en el punto en que nos hallamos, cuando cada vez cuesta más mantener la atención de los niños, a los que además se les ha cargado de obligaciones para frenar la expansión del virus, el misionero alaba la labor de las catequistas, -todas las que con él colaboran son mujeres a excepción de un varón- “que nos han hecho todo mucho más fácil”.

Más al norte de España, la parroquia Corazón de María de Gijón es ejemplo que desmiente aquel runrún que asegura que las familias tienen otras urgencias distintas a las catequesis de iniciación cristiana, o que a los chicos les aburre y prefieren ir a judo o incluso a inglés. “En 2020, tras el verano, celebramos noventa y dos primeras comuniones, y este año, en septiembre, celebraremos otras ochenta y nueve”, informa el claretiano Germán Padín. “Entre el colegio y la parroquia, somos bien conocidos en Gijón y las familias nos buscan para celebrar los sacramentos de sus hijos”; y no todos son alumnos del Codema, pues “en torno al diez por ciento son chavales de otros colegios del barrio”. Un buen número de niños que empiezan hoy serán luego jóvenes que terminan enganchados a la comunidad, a su manera de vivir y celebrar en ella. “Y de estos, otros tantos piden colaborar como catequistas, ofreciendo el relevo o complementándose con aquellos que llevan prestando este servicio tantos años”. “Tenemos catequistas que cuentan veinte años, y otros que llegan hasta los setenta”, finaliza. También en Asturias, pero en la parroquia Corazón de María de Oviedo, el misionero Fernando Sotillo se muestra contento por la normalidad con la que ha transcurrido el curso de catequesis de comunión. “Gracias a Dios, todo este año de preparación con los chicos ha podido ser presencial, y finalmente, entre los días 19 y 20 de junio, veintitrés chicos recibieron el sacramento”, informa. Las expectativas poco favorables que traía el mes de septiembre en su arranque se contradicen ahora “con un curso de pastoral muy bueno”. “Gracias a los grupos de familias y a las catequesis de adultos ofrecemos la posibilidad de acompañar también a los padres. Y si algún matrimonio pasa por dificultades de convivencia, podemos tender una mano a través del proyecto ‘Amor Conyugal’, cuyas próximas misiones tendrán lugar en nuestra parroquia”, completa.

Desde el colegio Claret Benimaclet de Valencia, el claretiano Carlos Puerto nos explica su labor al frente del equipo de pastoralistas. “Los profesores son los catequistas y los padres apuntan a sus hijos a comunión como a una extraescolar más, ya que las catequesis se dan en el centro escolar a horarios compatibles con la vida familiar”. En cualquier caso, este año vino con su singularidad, la que impuso la pandemia. “En Semana Santa hablamos con los padres y vimos como más prudente pasar las comuniones a septiembre, sobre todo viendo cómo estaba castigando el coronavirus a Valencia”. Así las cosas, recibieron la comunión trece chicos, “y este año contaremos con un grupo de número parecido”. La catequización se organiza a través del colegio y la celebración del Sacramento se celebra en acuerdo con la parroquia de los PP. Carmelitas, muy cerca del centro escolar. Este modelo, con sus ventajas e inconvenientes, reclama mayor trabajo en lo que respecta a idear distintos modos para involucrar a las familias, haciéndolas participar más del proceso que viven sus hijos. Con todo, gracias a las catequesis de primer anuncio en torno al centro escolar claretiano se establecen unos lazos de pertenencia muy fuertes entre los niños y jóvenes, “y aquellos que toman la primera comunión, acuden después a post-confirmación y la mayor parte participa del Centro Juvenil Claret”, redunda. Situación parecida es la que se vive en el Claret de Madrid. Desde allí, el P. Rafael Lozano se apoya en el colegio para catequizar a un nutrido grupo de niños, que durante este pasado mes de mayo participaron por primera vez de la eucaristía. “La familia del Claret de Madrid que formamos entre claretianos, profesores, catequistas y padres, ha vivido con gran alegría todas las celebraciones de primera comunión en este año tan intenso.”, comenta. “No faltó ni un detalle”, finaliza. 

 

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