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Carlos Martínez Oliveras: “La sinodalidad no es un eslogan. Es un signo de identidad en la Iglesia”

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Tuvo lugar ayer la segunda conferencia del ciclo ‘Los jueves del ITVR’, pronunciada por el teólogo y profesor Carlos Martínez Oliveras. Así, bajo el título ‘Emplazados por la sinodalidad’, el claretiano fue desgranando el concepto de la práctica sinodal en el seno de la Iglesia, alejándola de modas y diferenciándola de lo que acertó a llamar “una especie de asamblearismo parlamentarista eclesial”.

“La sinodalidad no es un eslogan de temporada. Es algo mucho más profundo, es un signo de identidad en la Iglesia”. “Al cabo, es una dinámica de discernimiento sobre lo que el Espíritu Santo pide a la Iglesia hoy”, comenzó explicando.

Para tratar de trata de fijar los conceptos en los que su ponencia se enmarcó, el experto ofreció al inicio tres definiciones de la sinodalidad. La primera, del teólogo Piero Coda. La segunda, de la definición que da la comisión teológica internacional y finalmente, la tercera, del vademécum para el Sínodo. “En las tres podemos encontrar palabras similares que nos ayudarán a comprender este concepto: ‘escucha’, ‘camino’, ‘misión’, ‘participación’, ‘comunión’…”, destacó Martínez Oliveras. “Conceptos, todos ellos, que tienen un objetivo orientado a la mejor y más eficaz evangelización, en este caminar hacia fuera”. Por tanto, ya se atisba el primero de los peligros, que en palabras del papa Francisco, “se define por la autorreferencialidad”. “La sinodalidad no tratará nunca de mirarse a uno mismo”, aclaró.

“La Iglesia es constitutivamente sinodalidad”, continuaba el religioso. “De tal modo aquellas voces que advierten del absurdo de la sinodalidad apelando al sentido jerárquico de la Iglesia, dicen solo media verdad”. Para Martínez Oliveras, “nuestra religión se fundamenta en la conjunción ‘y’, por lo que nuestra Iglesia es jerárquica pero también sinodal, en base a sus principios cristológico y pneumatológico. Por tanto, estamos llamados, como piedras vivas, a vivir la unión de estos dos principios”.

Antes de pasar a tratar el punto en que se encuentra el sínodo de la sinodalidad, el misionero claretiano abundó en base a sólidos principios teológicos, históricos y bíblicos en las claves espirituales que nos propone el Santo Padre. Al mismo tiempo, Martínez Oliveras dio cuenta del reflejo que la sinodalidad tiene en la Escritura, y por último, de la herencia conciliar de la sinodalidad. Pero por encima de todo ello, para su mejor comprensión, “si hay una palabra que marca el proceso sinodal es la escucha”, afirmó rotundamente. “Una dinámica que se cifra entre estar tres categorías que se interrelacionan: sensus fidei, discernimiento y autoridad pastoral”, completó.

El sínodo, hoy

Tras la etapa de la ‘profecía’, es decir “el discernimiento que le correspondía al Pueblo de Dios”, hoy el sínodo se encuentra en su fase de ‘discernimiento’. “En este momento estamos a mitad de camino. Se está elaborando la síntesis de la fase diocesana y en estos días, de forma inminente, saldrá publicado el texto con el que luego trabajarán las conferencias continentales de los obispos. Estamos en un proceso de discernimiento que concluirá en Roma en octubre de 2023”, informaba el profesor de teología. “Ahora estamos en una fase de transición, que no debe traducirse como tiempo para bajar la guardia”, advertía a renglón seguido.

Desafíos para la vida consagrada

“La vida consagrada ya posee rasgos sinodales”, expresó el antiguo director del ITVR. “Capítulos, asambleas, elecciones de superiores, el ejercicio temporal del gobierno, un gobierno asistido por consultores y consejeros…”, enumeró. “Sin embargo, en otras categorías de nuestra peculiar forma de vida podemos afinar más”. Así, a ojos del experto, la sinodalidad debe aplicarse con más fuerza en los núcleos fundamentales de la consagración, comunión y misión. “En cuanto a consagración, por la correlación entre obediencia y autoridad”, abundaba al tiempo que recordó que “toda la obediencia se basa en la clave de la escucha”. En cuanto a comunión, “por lo que se puede profundizar en la vida comunitaria”. Por último, misión, “por la conciencia que tenemos de hallarnos insertos en la Iglesia local pero siempre abiertos a la misión universal”.

Una última convicción

Para finalizar, el P. Martínez Oliveras dejó una última convicción personal: “Estoy seguro de que el camino será largo, y en ocasiones, hasta arduo, pero creo que el papa Francisco quiere dejar en el horizonte una estructura para la práctica sinodal”, expresó. “A partir de ahora, todas las dinámicas que se desarrollen para discernir graves asuntos de la Iglesia lo harán desde la sinodalidad”, vaticinó.

 

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