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Veinticinco años del Seminario Católico de San Petersburgo

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JOSÉ MARÍA VEGAS, CMF | El pasado 8 de noviembre tuvo lugar la apertura oficial del curso académico 2018-2019 del Seminario Mayor de San Petersburgo, pese a que las clases comenzaron a principios de septiembre. Este año, además, coincidía con el 25 aniversario de su reapertura, tras el largo periodo de la persecución comunista.

La celebración tuvo una especial solemnidad. Primeramente, porque quisieron unirse a ella los cuatro obispos rusos (Moscú, Sarátov, Novosibirsk e Irkutsk), más el Nuncio de Su Santidad, además de representantes de la Iglesia ortodoxa rusa y de varias iglesias protestantes. Del mismo modo, pudieron asistir unos cuantos antiguos alumnos, todos ellos sacerdotes que trabajan en Rusia y en otros países del mismo entorno.

La lección inaugural corrió a cargo de Mons. Jorge Carlos Patrón Wong, secretario de la Sagrada Congregación para el Clero, mejicano y una persona extraordinariamente cercana y sencilla. Su presencia en el Seminario, en esta fecha tan significativa, trajo un soplo de aires fresco, y ofreció importantes indicaciones para la formación de los futuros sacerdotes. Hay necesidad de ello en esta tierra de misión, donde la mera burocracia eclesiástica y la pasividad pastoral que en ningún lugar es ya de recibo, aquí lo es todavía menos. Los oyentes, con el oído abierto, conscientes de que la actitud frente a su vocación no podrá ser nunca la de espera sino la ‘de salida’, conectaron enseguida con el prelado desde el comienzo de su discurso.

El mitrado, en su lección inaugural presentó la nueva Ratio para la formación sacerdotal: “El Don de la vocación presbiteral – Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis” que, aunque pueda parecer un tema muy árido o demasiado “doctrinal”, resultó en manos del P. Jorge Carlos una cuestión de máximo interés. Y si la exposición fue sobre la “Ratio”, el orden y la razón, en el turno de preguntas se centró en el corazón. Con entusiasmo contagioso supo hablar certeramente del modelo de sacerdocio para los tiempos que corren: el que va al encuentro y busca, el que sabe acoger, acompañar y contagiar.

Uno de los mayores hallazgos en la exposición fue el saber presentar los inevitables defectos de cada uno, dejando a un lado la perfección, pero ahondando en la necesidad de ser auténtico. Patrón Wong no quiso limitarse a dibujar una imagen ideal (e irreal) del sacerdote; pues lo nuclear en un sacerdote consecuente consigo mismo y con el don recibido será siempre poder ser reconocido en cualquier situación. Haga lo que haga. Y esté donde esté.

En su discurso, el prelado mejicano, buscó símiles muy vivos para hacerlo más pedagógico. Algunos de ellos, por ejemplo, fueron futbolísticos. Otros, tomados de la vida familiar. “El seminario es el tiempo del entrenamiento, pero el partido se juega después, y a veces se gana y a veces se pierde; pero eso supone replantearse la estrategia de los próximos partidos y, sobre todo, no dejar nunca de entrenarse (la formación permanente) y de jugar en equipo”. Y respecto de la familia, “los sacerdotes mayores que pasan por los seminarios a dar testimonio son como los abuelos de la familia: tienen la sabiduría y dan consejos, pero luego dejan libertad, pues lo que reciben esos consejos no viven en el mismo tiempo que los abuelos, y deben de vivir su propio tiempo. Los formadores son como los padres, que son los que tienen la responsabilidad directa de la formación. Pero los seminaristas, los futuros sacerdotes, son los que tendrán que jugar su propio partido”.

Otro aspecto importante de su intervención fue la dimensión ecuménica, tan importante en esta tierra de mayoría ortodoxa y de efervescencia protestante.

La Congregación Claretiana en Rusia

Los misioneros claretianos, encabezados primero por los PP. Mariano Sedano y José María Vegas, nos incorporamos al Seminario el año 1998, y algo más tarde, en el 2001, el P. Alejandro Carbajo.

Además de la enseñanza, hemos ocupado diversos cargos (Prefecto de estudios, Director Espiritual, Confesor). No podemos no recordar con gratitud al siervo de Dios, Don Bernardo Antonini, primer Rector del Seminario y que en gran medida determinó que nuestra misión de Rusia se concretara en San Petersburgo (desde hace ya muchos años se llama Misión de San Petersburgo-Múrmansk, donde tantos años trabajó con entusiasmo misionero y en medio de muchas dificultades, el P. Juan Sarmiento).

Breve historia del Seminario

Entre los años 1879 y 1918 funcionó en San Petersburgo el Seminario de la diócesis de Maguilov (Bielorrusia) cuyo obispo tuvo, sin embargo, su sede en San Petersburgo por decisión del Emperador desde 1849, y en 1879 se abrió el Seminario católico diocesano. Desde 1902 la sede del Seminario fue el edificio en el que se encuentra actualmente, en la calle de la Primera Compañía del Regimiento Izmailovsky, actualmente calle Primera de la Armada Roja.

Durante los 37 años de su existencia, estudiaron en el Seminario 997 seminaristas, de los cuales unos 700 fueron ordenados sacerdotes. Entre ellos se encuentran los siervos de Dios Konstanty Budkiewicz (fusilado en 1923); Fabian Abrantovič, marianista, doctor en filosofía por la Universidad de Lovaina, muerto en la cárcel en 1946, después de seis años en prisión; Franzisk Budrys, fusilado en 1937; Jan Troigo, muerto en la cárcel en 1932, después de varias condenas a prisión; Pavel Chomič, fusilado en 1941; Andrey Tsikoto, general de los Marianistas (1933-1937) muerto en un campo de concentración en China (en donde trabajaba desde 1937) en 1952, donde se le negó todo tipo de atención médica; Antoni Malecki, obispo, que sufrió numerosos arrestos y destierros, que minaron gravemente su salud, y que murió en Polonia en 1935; y los beatos Antoni Leszczewicz, que murió quemado vivo junto con otro sacerdote, sus parroquianos y varias religiosas dentro del templo en Bielorrusia por las fuerzas de ocupación alemanas; el obispo Teófilo Matulionis, que sufrió numerosos arrestos y condenas en cárceles y campos de concentración, y murió en 1962, muy probablemente envenenado por los servicios secretos soviéticos, beatificado el 25 de junio de 2017.  Muchos otros fueron fusilados durante el periodo soviético o murieron en campos de concentración.

En 1918 el edificio fue confiscado, y ya antes, en 1917, se había impedido el comienzo del curso académico. Durante los años 20 hubo varios intentos de reanudar clandestinamente la enseñanza seminarística, pero todos ellos fueron objeto de brutales represiones.

En 1993 el entonces Administrador apostólico de Moscú, Tadeusz Kondrusiewicz firmó el decreto de restauración del Seminario, que funcionó dos años en Moscú en condiciones muy precarias (prácticamente en barracones de obra), y en 1995, cuando se devolvió parte del edificio del Seminario en San Petersburgo, se trasladó a esta ciudad.

En estos veinticinco años han estudiado en el Seminario más de 300 seminaristas, y se han ordenado más de 60 sacerdotes, entre ellos, uno actualmente obispo auxiliar en Ucrania. En sus primeros años estudiaban seminaristas de las cuatro diócesis rusas, de Georgia, Moldavia, Bielorrusia y Kazajistán, además de seminaristas de varias Congregaciones religiosas: franciscanos conventuales y menores, salesianos, claretianos, del Verbo Divino…

Desde hace ya unos veinte años el Instituto Teológico San Juan Crisóstomo está afiliado a la Pontificia Universidad Lateranense.

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